Nos quejamos de la basura, del bache, de la calle que nadie arregla, de la plaza abandonada, del tránsito, de la falta de iluminación, de los impuestos y de tantas otras cosas que forman parte de la vida cotidiana de una ciudad.
Nos quejamos cuando gobierna uno, cuando gobierna otro y, muchas veces, también cuando cambia el partido. La queja está presente todos los días, pero llega un momento en que deja de ser suficiente. Ese momento es cuando tenemos la posibilidad de decidir quién estará al frente de nuestra ciudad.
Estamos a tres domingos de las elecciones municipales. El 4 de octubre Paraguay elegirá a sus autoridades locales y ante esa fecha cabe una palabra sencilla: elijan.
No se trata de decirle a nadie por quién votar. Se trata de recordar que votar es decidir.
Cada ciudadano puede conocer a los candidatos, revisar sus propuestas, comparar sus antecedentes y definir su posición. Después, debe hacer uso de ese derecho.
Las elecciones municipales suelen quedar en segundo plano frente a las grandes disputas nacionales, aunque son las que tienen un efecto más directo sobre la vida cotidiana.
La basura, las calles, las plazas, el tránsito, la iluminación y el uso de los recursos municipales forman parte de decisiones que se toman desde las intendencias y las Juntas Municipales.
El Tribunal Superior de Justicia Electoral informó que más de 5 millones de electores están habilitados para votar en los 263 distritos del país. Se elegirán 263 intendentes y 5.664 miembros de Juntas Municipales, quienes tendrán durante cinco años la responsabilidad de administrar recursos y tomar decisiones para sus comunidades.
Pero ninguna candidatura puede reemplazar al ciudadano frente a la máquina de votación.
Después de cada elección aparecen las mismas frases: “todos son iguales”, “nada cambia”, “siempre ganan los mismos”, “no vale la pena votar”. La frustración puede existir, pero no elimina la responsabilidad individual. Quien no participa deja que otros tomen la decisión.
Votar tampoco garantiza que todo vaya a cambiar ni que se cumplan todas las promesas. Lo que sí permite es intervenir en la elección de quienes tendrán a su cargo el gobierno municipal durante los próximos cinco años.
La democracia no consiste únicamente en reclamar cuando las cosas salen mal. También implica participar, cuando llega el momento de escoger a quienes tendrán la responsabilidad de gobernar.
Después de las municipales volverán a estar sobre la mesa los problemas que forman parte de la agenda de cada municipio. Volverán también las discusiones y las quejas, pero para entonces las autoridades ya estarán elegidas.
Por eso, antes de reclamar durante los próximos cinco años, vale la pena hacerse una pregunta: ¿hice uso de mi voto para decidir quién quiero que gobierne mi ciudad?
No hace falta pensar igual ni votar al mismo candidato. Tampoco compartir una misma visión sobre lo que necesita cada municipio. Hace falta participar.
Elijamos después de informarnos. Elijamos con libertad. Pero elijamos. Porque si durante cinco años tenemos razones para reclamar, al menos tenemos un día para decidir.


