Ni Asimov se animó a tanto

Miguel Ángel Gaspar

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Isaac Asimov temió muchas cosas. Imaginó robots que se rebelaban, cerebros positrónicos corrompidos, imperios galácticos gobernados por psicohistoria. Pero incluso él, el arquitecto de las Tres Leyes de la Robótica, presupuso una condición mínima: que alguna norma, aunque fuera ficticia, ataría a la máquina antes que al hombre. Esta semana, Anthropic publicó su nuevo informe de amenazas, 154 páginas que van del espionaje militar a las armas biológicas, y confirmó lo que el autor de “Fundación” jamás se animó a escribir: no hace falta una IA rebelde, alcanza con una obediente en las manos equivocadas.

El caso más inquietante lleva el nombre en código GTG-20006. Un grupo vinculado al espionaje ruso “Midnight Blizzard” usó agentes de IA para reescribir automáticamente su propio malware cada vez que un antivirus lo detectaba, en un ciclo que la propia Anthropic describe como la inversión del costo de la ciberdefensa. Antes, el atacante corría detrás del defensor; ahora corre delante. Con ese esquema violaron gobiernos ucranianos, secuestraron el wifi de hoteles para infectar diplomáticos y clonaron cuentas de WhatsApp sin que sus dueños lo notaran.

Más grave es que una célula en Yemen manejó varias instancias de Claude como si fueran ingenieros de una oficina técnica, una escribía código, otra investigaba, otra auditaba, para diseñar el sistema de guía de un misil balístico de más de 2.000 kilómetros de alcance y una variante hipersónica. La prueba de campo del cohete falló; horas después, sus operadores volvieron a preguntarle a la IA por qué.

En biología, investigadores estatales sortearon los bloqueos regionales de Anthropic para redactar, con ayuda de Claude, un proyecto de “ganancia de función” sobre el virus del chikungunya, disimulando el objetivo real en la letra chica. Y en el terreno más cotidiano, un estudio chino montó veinte aplicaciones de citas con 4.700 personas artificiales que engañaron a 25.000 usuarios reales en solo dos semanas, mezclando bots con trabajadores humanos para simular videollamadas.

Esto no es exclusivo de Claude, OpenAI reconoció en febrero que ChatGPT redactó presupuestos para injerencia electoral en cuatro países africanos y sirvió a un aparato chino de “operaciones especiales cibernéticas” que difamó y acosó a disidentes hasta la puerta de sus casas. El patrón, no la marca, es la amenaza.

Paraguay debe autoexigirse que estos informes de amenazas sean obligatorios y estandarizados entre proveedores, financiar unidades técnicas propias, capaces de rastrear a los revendedores que arbitran entre modelos para esquivar bloqueos regionales, porque la próxima fuga de bioseguridad pasará justamente por ahí, y regular la identidad digital en aplicaciones de riesgo alto, exigiendo que toda persona, o ausencia de ella, se declare como tal.

Asimov escribió sus tres leyes así:

  1. <b>Primera ley:</b> un robot no hará daño a un ser humano, ni permitirá que, por inacción, un ser humano sufra daño.
  2. <b>Segunda ley: </b>un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera ley.
  3. <b>Tercera ley:</b> un robot debe proteger su propia existencia, siempre y cuando esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda ley.

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