Presupuesto y déficit fiscal

Marcos Ricardo Velázquez

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Más que nunca, el Poder Ejecutivo debe tener presente que los ojos de los organismos multilaterales, de las calificadoras internacionales y de los inversores están puestos sobre Paraguay. No se trata solamente de observar cuánto crecerá la economía o qué nuevas inversiones podrá atraer el país, sino, fundamentalmente, de comprobar cómo administra sus recursos y sus obligaciones financieras.

El Gobierno llega a la presentación del Presupuesto General de la Nación (PGN) para el ejercicio 2027 después de haber tenido que sincerar una realidad que durante años permaneció parcialmente oculta: las deudas acumuladas con proveedores y otros compromisos que terminaron impactando sobre las cuentas públicas. Como consecuencia de este reconocimiento, la estimación del déficit fiscal para 2026 pasó de alrededor de 1,5% a 3,2% del Producto Interno Bruto (PIB).

Este salto no es un dato menor. Representa una señal que será cuidadosamente analizada por quienes evalúan la solvencia y la capacidad de pago del Estado paraguayo. El país ha realizado durante años un esfuerzo considerable para mejorar su reputación financiera, reducir el riesgo país y alcanzar el anhelado grado de inversión. Mantener esos logros exige ahora mucha más disciplina.

Por eso, el PGN 2027 no puede convertirse simplemente en una lista de necesidades, promesas y demandas sectoriales. Debe ser, ante todo, una demostración concreta de responsabilidad fiscal. El famoso “ajuste de cinturones” debe dejar de ser una expresión política para convertirse en una verdadera política de Estado.

El desafío consiste en priorizar el gasto, eliminar aquello que no sea imprescindible, contener el crecimiento de los gastos rígidos y evitar que nuevas obligaciones comprometan la sostenibilidad de las finanzas públicas. Al mismo tiempo, se debe garantizar la calidad de la inversión y proteger sectores esenciales como salud, educación, seguridad e infraestructura.

Paraguay no puede darse el lujo de enviar señales contradictorias. Mientras se busca atraer capital extranjero y posicionar al país como destino confiable para las inversiones, el manejo del presupuesto debe transmitir exactamente el mismo mensaje, previsibilidad, prudencia y responsabilidad.

El grado de inversión no es un trofeo que se conquista una vez y queda asegurado para siempre. Se construye con años de disciplina y puede deteriorarse rápidamente si los mercados perciben un retroceso en la conducción económica.

El PGN 2027 representa, por tanto, una oportunidad para demostrar que el sinceramiento fiscal de 2026 no fue el inicio de una espiral de endeudamiento, sino el punto de partida de una etapa de mayor transparencia y rigor. Ahora corresponde al Gobierno demostrar que entendió la señal. Los mercados, los organismos multilaterales y las calificadoras estarán mirando. Y esta vez, más que nunca, cada decisión contará.

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