El departamento de Itapúa, y su capital, Encarnación, estuvieron en la mira de medio mundo durante el campeonato mundial de Rally Paraguay, un evento internacional que sitúa a nuestro país, y en particular a este departamento, en el escaparate global.
Itapúa, ese “otro país” posible, y deseable, como se suele mencionar en los discursos políticos de ocasión, es sin dudas una privilegiada vidriera que promociona al país. Pero más allá de la promoción lograda con este megaevento internacional, la experiencia demostró que cuando hay voluntad política, se canalizan los recursos necesarios y se ponen manos a la obra, se pueden lograr grandes metas.
Quedó demostrado cuando en tiempo récord una intervención coordinada entre la gobernación de Itapúa y la Comuna local logró construir una pista de carreras con características ideales para una competencia de rally en un espacio urbano, literalmente en medio de la ciudad.
Numerosas tareas de mejoramiento urbano, como la iluminación del Paseo de los Teros, abandonado y rapiñado desde hace años, el tendido del alumbrado público en el camino de acceso al gran Hospital General de Itapúa, y hasta el restablecimiento de la lumínica del puente internacional “San Roque González de Santa Cruz” por parte de la ANDE, fueron “apurados” en el contexto del rally.
Ojalá todos los meses se haga el rally, decía un poblador local, al observar el esmero puesto para hacer “brillar” la ciudad durante el acontecimiento. Me queda la duda si el comentario fue producto de una simple mirada inocente, o un ácido sarcasmo, atendiendo a que las más de las veces la cuestión pasa por la voluntad de hacer, y no precisamente por la falta de recursos.
El objetivo fue logrado. Una vez más los visitantes se llevaron la imagen de un país con una gran capacidad organizativa y capacidad de trabajo, y la convicción de que Paraguay, y en particular esta región, es un destino que vale la pena conocer.
Es oportuno también mencionar que la elección de Itapúa como escenario para un evento de la magnitud y envergadura de un rally mundial no es producto de la casualidad. Es consecuencia de un trabajo de largo aliento. Del esfuerzo de mucha gente apasionada por el deporte motor que desde 1981 viene posicionando al departamento en el escenario nacional e internacional a través del Rally Trans Itapúa.
Obviamente, hay que sumarle un valor inestimable: la naturaleza, las características geográficas que ofrece Itapúa, y la belleza paisajística que lo convierten en un escenario atractivo con circuitos de competencia desafiantes, ideales para esta modalidad deportiva.
Quienes asistieron al evento, tanto competidores como público, regresaron a sus casas con esa sensación de querer volver. El máximo premio que se puede conceder a un lugar visitado es ese deseo de volver, porque la experiencia fue agradable, positiva, sin sobresaltos desagradables.
Bien por Itapúa y su gente, los organizadores del evento, los responsables de seguridad. Tienen bien merecida la mayor de las consideraciones, por su capacidad de trabajo, su nivel de organización, y haber logrado proyectar la mejor imagen de país ante los ojos del mundo.


