La factura implacable del calentamiento

En lo que va de 2026, los termómetros han reventado las marcas históricas a una velocidad pasmosa: desde las costas de Europa hasta el corazón de las Américas, la Tierra atraviesa un calor implacable impulsado por el calentamiento global y amplificado por la furia de un “Súper Niño” desbocado.

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La factura implacable del calentamiento.STEPHANE OUZOUNOFF

Por Gonzalo Marroquín Godoy.

Las noticias relacionadas con el impacto que tiene el calentamiento global compiten este año con las guerras en Ucrania, Irán, Líbano o la Franja de Gaza. El número de víctimas mortales también. Impacta leer que unas 14,000 personas fallecieron a causa del calor este verano en Alemania y en una sola semana de junio fueron más de 9.600 las muertes provocadas por el clima sofocante en ese país.

A manera de comparación, la guerra de Ucrania registró menos de 500 civiles muertos en el mes de julio. El calor puede resultar mucho más letal que los ataques con misiles y drones rusos o ucranianos.

Francia, Alemania, Hungría, Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca, Suiza, Austria y otros países europeos registraron las temperaturas más altas de su historia. Lo mismo sucedió en Estados Unidos, todo con olas de calor implacables, mucho más allá de lo esperado y que constituyen un anticipo de lo que puede suceder en el futuro si no se toman serias medidas para contener el calentamiento global.

La naturaleza está enviando todo tipo de mensajes a la humanidad. Los gigantescos incendios forestales en España, Francia, Grecia, Estados Unidos y otros países son parte de este agitado planeta que parece no encontrar la fórmula para controlar la emisión de gases tipo invernadero, los cuales son –en parte– responsables de esta auténtica catástrofe que estamos viviendo y viendo.

Para colmo de males, este año el llamado fenómeno de El Niño alcanzó una magnitud excepcional hasta convertirse en un “Súper Niño”, con efectos más demoledores que los que suele dejar cada dos o tres años.

Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), además del elevado número de víctimas mortales, los daños por incendios forestales y pérdidas de producción en Europa pueden superar los 180,000 millones de euros, lo que muestra el impacto que el daño ambiental puede producir, no solo a los países europeos, sino a la humanidad en general.

Las muertes por golpe de calor en las calles de grandes ciudades, como Madrid o Roma, son más que un grito de la Tierra. Son una alarma de que el cambio climático no ha captado la debida atención de los diferentes gobiernos de todos los continentes. Si bien el Acuerdo de París fijaba algunas metas y obligaba a una inversión extraordinaria, en la práctica los resultados son insuficientes. Aquellas guerras han obligado a algunos países a reactivar plantas de electricidad que generan con carbón o combustibles fósiles, lo que significa más emisión de gases, con resultados igualmente más graves.

Todo esto ocurre en momentos en que, además, se ha debilitado enormemente la ya desgastada voz de las Naciones Unidas (ONU), lo que supone, para decirlo de alguna manera, que se está perdiendo la batalla por frenar el calentamiento global, lo que nos deja ante una cruda realidad: debemos esperar que los termómetros sigan subiendo en los años por venir, con pérdidas de vidas humanas y daños inimaginables.

Las guerras y la inestabilidad política mundial son causa de que la evidente parálisis ante esta tragedia ambiental se haga patente en lo que podrían calificarse como una reversión de las políticas verdes, si es que alguna vez en realidad promovieron un cambio auténtico y decidido.

Otro ejemplo preocupante es lo que alguna vez pareció una lucha contra los autos con combustibles fósiles. Al parecer esta tendencia continúa, pero más por novedad y relativa conciencia ambiental individual, que por políticas para promover su uso. No son pocos los países que han retirado –o ni siquiera han creado– incentivos para su uso. Los vehículos de combustión interna siguen siendo dominantes en el parque vehicular, sin una tendencia significativa a la baja.

Cuando se creía que se estaba promoviendo una revolución verde, esta no solo no llegó a impactar, sino que ahora vemos una retirada táctica, a veces promovida intencionalmente –como sucede con Estados Unidos– y otras veces influidas por las circunstancias, como pueden ser las guerras con el obligado retorno a peligrosas y contaminantes formas de generar energía.

Si en Europa el calor deja muerte y destrucción, para América Latina el pronóstico no es tampoco halagüeño: Centroamérica y el norte de Sudamérica incluyendo una parte de Brasil, sufrirán severa sequía y el llamado estrés hídrico, que trae problemas para generar electricidad. Perú y Ecuador sufrirán por exceso de lluvias, algo parecido a lo que se dará en la parte baja del Cono Sur (Brasil, Paraguay, Uruguay, Argentina y el centro de Chile). Eso dicen los meteorólogos como previsión de lo que veremos en la región a finales de este año.

Para cerrar esta reflexión sobre el calentamiento global y sus mortales y devastadores efectos, traigo una pregunta que dejó para la posteridad la antropóloga británica Jane Goodall –reconocida por su lucha para proteger a los primates–: “¿Cómo es posible que la especie con la mayor capacidad intelectual de la historia esté destruyendo su único hogar?”.

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