Tres años: en busca de un legado

Por Mariano Nin.

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Che roga Pora

Quiero dar mi visión de un tema del que hoy se habla mucho: los tres años de Peña.

Entiendo que hay momentos en los que más que las consignas lo que corresponde es mirar el camino recorrido y preguntarnos si el Paraguay está mejor que hace tres años.

Al fin de cuentas ese es el trabajo de un presidente.

Es así que Santiago Peña llega a sus tres años de gobierno con una administración que, en términos generales, puede mostrar resultados y, sobre todo, una idea de rumbo.

No es poca cosa.

En un país acostumbrado a que cada gobierno empiece de nuevo, Peña apostó por la estabilidad económica, la inversión, el crecimiento, la generación de empleo y una mayor presencia del Paraguay en el escenario internacional.

Viajó mucho: se criticaron sus viajes, pero los resultados están a la vista.

Hoy hay señales que permiten reconocer avances.

Pero hay algo que el Presidente identifica como aquello que finalmente podría definir su paso por el Palacio de López: su legado.

Y es que en una entrevista con Mina en nuestro medio, volvió a recordar porque quiere ser recordado, y es quizás la parte más interesante de estos tres años.

Un gobierno puede ser recordado por una obra, por una reforma, por un número económico o por una negociación internacional. Pero también por algo mucho más sencillo: por haber conseguido que miles de familias vivan mejor.

Hambre Cero es, en ese sentido, una de las grandes apuestas de esta administración.

Que un niño llegue a la escuela y tenga garantizada una alimentación diaria no es solamente una política educativa. Es una política social. Es una decisión que toca directamente la vida de una familia. Le brinda al niño el desarrollo necesario para que pueda enfrentar su futuro.

Lo mismo ocurre con Che Róga Porã, con Tekoporã Mbareté y con la ampliación de la protección para nuestros adultos mayores. Programas que mejoraron el nivel de vida de miles de personas. Y también con las políticas destinadas a la primera infancia, una etapa en la que muchas veces se define buena parte del futuro de una persona.

Son programas diferentes, con objetivos diferentes, pero tienen un punto en común: acercan al Estado a personas que durante mucho tiempo sintieron que el Estado estaba demasiado lejos.

Pero aquí hay un desafío para los próximos dos años: convertir estos programas en políticas que trasciendan a su propio gobierno. Incluida su financiación.

Un verdadero legado no es el que termina cuando termina un mandato, es el que queda, el que continúa. Es el que una sociedad considera demasiado importante como para volver atrás.

Pero si hablamos de lo social, hay un capítulo que no puede quedar fuera de esta conversación: la salud. Y aquí es donde no todo es color de rosas.

Sería injusto desconocer las inversiones realizadas durante estos tres años, la construcción y habilitación de grandes hospitales y el esfuerzo por modernizar la infraestructura sanitaria. Hay obras que están ahí, se pueden ver.

Pero justamente por eso, ahora viene la parte más difícil: que esos hospitales funcionen como los paraguayos esperan.

Necesita médicos, especialistas, enfermeras, medicamentos, insumos, equipamiento funcionando.

Y necesita que el paciente no sienta que llegar hasta allí es apenas el comienzo de otra larga espera.

El Gobierno tiene todavía tiempo para completar esa tarea.

Queríamos hospitales y los tenemos, pero llenar de contenido esos edificios es lo que finalmente transforma una obra en un servicio público.

Tres años son suficientes para hacer un balance, pero no para escribir el final de una historia, y si Peña realmente quiere que su legado sea social, todavía tiene una oportunidad enorme.

Hambre Cero.

Che Róga Porã.

Tekoporã Mbareté.

Las políticas de atención a la primera infancia.

La protección de nuestros adultos mayores. Y una salud pública capaz de responder a las necesidades de la gente.

Todavía quedan dos años para convertir esos resultados en algo más grande.

En una herencia, un legado que el país recuerde.

Cuando una política pública logra cambiar la vida de una familia, esa transformación permanece. Y ese, finalmente, puede ser el legado social que Santiago Peña está empezando a construir.

Pero ojo… esa es otra historia

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