Opinión

Cuando un algoritmo explica un país

Por Pablo Noé - Jefe de prensa de La Tribu 650 AM

| Por La Tribuna
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Hace unos días, en pleno cruce entre Kylian Mbappé y la senadora Celeste Amarilla, comenzó a circular por las redes una imagen conocida para cualquier paraguayo: un Judas Kái. Solo que esta vez el muñeco no tenía el rostro de un político local ni de algún personaje impopular. Tenía la cara de Mbappé. Bastó esa fotografía para que miles de usuarios en distintos países concluyeran que en Paraguay existía una tradición dedicada a quemar al futbolista francés. Otros fueron todavía más lejos: aseguraron que se trataba de un ritual de magia negra o de una práctica de odio racial. En pocas horas, un algoritmo había explicado un país entero.

Este episodio resume una de las grandes paradojas de la globalización. Nunca fue tan sencillo acceder a otras culturas ni tan fácil opinar sobre ellas sin conocerlas. Gracias a internet, un país pequeño como Paraguay puede aparecer de repente en el centro de una conversación mundial. Esa visibilidad es una enorme oportunidad. El problema comienza cuando la velocidad reemplaza al contexto y la interpretación se vuelve más importante que los hechos.

Quienes crecimos celebrando el San Juan paraguayo sabemos que el Judas Kái no nació para representar a Mbappé, ni a Francia, ni mucho menos a una raza. Es una costumbre popular que consiste precisamente en ridiculizar, satirizar o castigar simbólicamente a quien, en determinado momento, concentra el rechazo de la comunidad. Antes fueron políticos, delincuentes, personajes públicos y hasta figuras de ficción. Esta vez, por razones circunstanciales, alguien eligió el rostro del delantero francés. Sin conocer esa tradición, miles de personas interpretaron la escena desde sus propios códigos culturales y llegaron a una conclusión completamente distinta.

Algo parecido ocurrió con la Guerra de la Triple Alianza. A raíz de la misma polémica aparecieron publicaciones que pretendían resumir uno de los episodios más complejos de nuestra historia en un puñado de frases virales. Un conflicto que sigue siendo objeto de investigación y debate académico terminó explicado con la lógica de un video de treinta segundos.

Internet democratizó el acceso a la información, pero también democratizó la autoridad. Hoy cualquiera puede explicar la historia, las costumbres o la cultura de otro país con la misma seguridad de un especialista, aunque su única fuente sea una publicación en redes sociales. Paradójicamente, vivimos proclamando la diversidad mientras juzgamos a otras sociedades utilizando exclusivamente nuestros propios parámetros culturales. Defendemos la inclusión, pero cada vez hacemos menos esfuerzo por comprender aquello que no encaja en nuestras categorías.

Ninguna tradición está exenta de debate. Todas evolucionan y pueden ser cuestionadas. Pero existe una diferencia fundamental entre discutir una costumbre después de comprenderla y condenarla antes siquiera de intentar entenderla.

La discusión entre Mbappé y Celeste Amarilla desaparecerá, como desaparecen todas las polémicas digitales. Lo que permanecerá será un desafío mucho más profundo: aprender que la globalización nos permite conocer el mundo, pero no nos exime de la obligación de interpretarlo con paciencia. Porque un algoritmo puede traducir un idioma en segundos. Lo que todavía no sabe traducir es la historia, la memoria y el significado que cada pueblo le da a sus propias tradiciones.

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