Opinión

Antifrágil

Por Bruno Vaccotti Ramos

| Por La Tribuna
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Antifrágil.

Nassim Taleb, matemático y autor libanés, acuñó una palabra que hasta el momento no existía: antifrágil. No describe lo que resiste los golpes, sino lo que se fortalece con ellos. La semana pasada esa palabra apareció en el lugar menos esperado: la boca de Michael Selig, presidente de la CFTC, la agencia federal independiente de Estados Unidos encargada de regular y supervisar los mercados de futuros más poderosos del mundo. ¿Sobre qué estaba hablando? sobre el bitcoin.

Deberíamos leer con esto con atención desde Asunción. Mientras el regulador americano más influyente en commodities equipara al bitcoin con el oro, la plata y el petróleo, en Paraguay todavía se lo trata como una amenaza a contener. Esto ocurre en el país que convirtió su excedente en el 60% de los ingresos de la Ande, transformando energía de desperdicio en ingresos para el país.

Los datos le dan la razón a Selig. El bitcoin sobrevivió al colapso de Mt. Gox, que era la plataforma de activos digitales más grande del mundo; la quiebra de FTX, otra empresa con millones de clientes, y a cuatro años de hostilidad regulatoria deliberada de la administración Biden. Incluso existe una página web que hace de obituario, contabilizando cada muerte anunciada del bitcoin: el conteo supera las 477. Y después de cada funeral, el hashrate, la energía real que asegura la red, ha marcado un nuevo máximo histórico. Eso no es resistencia, es antifragilidad: cada crisis expulsa a los especuladores y redistribuye el activo hacia manos más firmes. Por eso Selig pide al Congreso aprobar la Ley Clarity, que establece reglas claras de custodia, protege la custodia propia y prohíbe que una moneda digital de banco central vigile a los ciudadanos.

El antagonista de esta historia no es la volatilidad. Es el funcionario que llega tarde a entender lo que regula. El que redacta resoluciones técnicamente imposibles de cumplir, exige domicilio fiscal a un código programado con matemática pura y trata de activo especulativo a lo que la CFTC llama materia prima. Esa ansiedad regulatoria no protege a nadie: encarece el cumplimiento hasta expulsar al pequeño, subsidia al incumbente y manda al mercado internacional la señal de que aquí la innovación es sospechosa.

Paraguay tiene delante una disyuntiva que no admite neutralidad. Podemos regular para habilitar, como está haciendo Estados Unidos, o regular para bloquear, como hicieron los países que hoy ven irse a sus empresas. Si el mayor mercado financiero del mundo clasifica al bitcoin como commodity, nosotros que producimos el insumo esencial de esa industria y ocupamos el cuarto lugar a nivel global dentro de la red, deberíamos ser los primeros en darle un marco que lo trate como lo que es: una oportunidad de transformar megavatios en soberanía financiera.

Taleb escribió que el viento apaga la vela pero aviva la hoguera. El bitcoin ya demostró ser una hoguera. La pregunta es si queremos ser viento o leña.

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