Opinión

Los lobos cambian el curso de los ríos

Por: Bruno Vaccotti Ramos

| Por La Tribuna
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Los lobos cambian el curso de los ríosAnna Bizon

En 1926 el último lobo de Yellowstone cayó bajo perdigones de escopeta. El objetivo sonaba razonable: proteger al ganado y a otras especies. Setenta años después, al reintroducir lobos, descubrieron algo que nadie había anticipado: sin depredador, los ciervos habían devorado la vegetación de las riberas, los ríos habían cambiado de curso, castores y aves habían desaparecido de zonas enteras. Nadie tocó el río. Alguien tocó un eslabón, y el río se movió solo. Esa es la lección que Paraguay repite esta semana, en guaraníes y comisiones bancarias en lugar de lobos.

Desde el lunes rigen los nuevos topes de comisión de intermediación que fijó el Banco Central: 3% para crédito, 2% para débito, contra el 5% que llegó a cobrarse en el pasado. El comercio respira, y eso, de manera aislada, es una buena noticia. Pero el BCP miró solamente un eslabón de la cadena y no observó el ecosistema que sostiene ese servicio: procesadoras y fintechs que dependen de un margen que ahora, por decreto, dejó de existir.

El dato es contundente: el costo que las fintechs pagan a las procesadoras ya ronda el 2%, exactamente el nuevo techo para débito. El margen no se redujo: se evaporó por decreto matemático. Y lo más grave no es el número, es el proceso. Cuando el sector explicó su negocio, el Banco Central respondió que no tenía suficiente contexto, porque no se consultó antes de legislar. El mismo BCP que sí armó mesas técnicas para el QR interoperable decidió prescindir de las mismas. Reguló el precio antes de entender la estructura de costos que ese precio sostiene.

Es el mismo patrón de la Resolución 47 de la DNIT, redactada sin consultar a las industrias vinculadas, demostrando ceguera sobre cómo funciona técnicamente lo que pretende regular. El regulador que actúa sin mesa técnica no protege al usuario: protege al que ya tiene escala para absorber el golpe, y empuja fuera de la cancha al que recién construía alternativa. La intervención nunca es neutral. Siempre hay quien la sobrevive fácil y quien no.

Las personas que llevamos años empujando la bancarización digital tenemos algo que perder que no se mide en un balance trimestral: una década construyendo sistemas alternativos de pago, bajando comisiones de manera orgánica, ganando la confianza de un comerciante que hace veinte años ni aceptaba tarjeta. Ese proceso no se acelera con un techo impuesto desde arriba. Se acelera con competencia sana entre procesadoras y subadquirentes, una reforma que sí era necesaria. Si las fintechs se retiran, el mercado no se abarata: se concentra de nuevo en los pocos que ya tenían capital para no depender del margen transaccional. El usuario, que supuestamente se quería proteger, termina con menos opciones.

El error no es meramente numérico, es de cómo seguimos repitiendo lecciones no aprendidas del pasado, regulando lo que no entendemos: por partes, nunca por el todo. Un ecosistema no se arregla amputando un número: se arregla dejando que compita.

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