¡Hoy no tenemos otro tema más que la Albirroja! La avalancha de informaciones al respecto es algo nunca visto. Estoy tentado a sumarme, pero ya lo dije: para eso están los periodistas deportivos, que saben muchísimo más que nosotros y lo hacen muy bien.
Prefiero remar contra la corriente y detenerme en otro asunto. Uno del que casi no se habla, pero que, según mi leal saber y entender (el viejazo) tiene tanto o más valor que la misma Albirroja.
Me refiero al absolutamente fantástico programa de becas del Estado paraguayo. Y aquí anoto algunos números porque a veces las cifras hablan mejor que cualquier discurso.
El programa Becas Gobierno del Paraguay, destinado principalmente a carreras universitarias, formación docente y tecnicaturas en instituciones públicas y privadas del país, otorgó 5.000 becas en la convocatoria de 2025. Este año dio otro salto extraordinario: fueron adjudicadas 6.796 becas, la cifra más alta desde la creación del programa.
A esto hay que sumar Becal (Becas Carlos Antonio López). Desde su puesta en marcha, en 2015, ya permitió que más de 3.300 paraguayos cursaran maestrías, doctorados, especializaciones y programas de investigación en universidades del exterior, incluidas varias de las más prestigiosas del mundo, incluso Harvard, Oxford, el MIT, etc.
El resultado es impresionante: entre ambos sistemas, más de 10.000 jóvenes paraguayos fueron beneficiados con oportunidades de formación que, para la inmensa mayoría de ellos, habrían sido simplemente inalcanzables.
Esto vale oro.
Porque no estamos hablando de tirar dinero ni de repartir favores políticos. Estamos hablando de invertir en inteligencia, en conocimiento, en capacidad profesional. Estamos apostando por médicos mejor preparados, ingenieros más competitivos, investigadores, docentes, científicos y profesionales que mañana deberán conducir los destinos del Paraguay.
Naturalmente, semejante inversión también genera una gran responsabilidad.
Por eso cabe formular una pregunta legítima. ¿Se está cumpliendo de manera efectiva la obligación que tienen los beneficiarios de Becal de regresar al país y aportar aquí los conocimientos adquiridos? Esa condición forma parte del espíritu mismo del programa.
Y agrego otra reflexión.
Sería una enorme contradicción formar profesionales de excelencia para luego cerrarles las puertas del propio Estado con una burocracia dominada por el amiguismo, el prebendarismo o los eternos recomendados de la política. Si queremos un país competitivo, los mejores deben llegar por mérito, no por padrinazgos. Esto ya fue dicho hasta el hartazgo, peerooo...
Ojalá dentro de diez o quince años podamos medir el verdadero impacto de estas becas. Tal vez entonces descubramos que muchas de las grandes transformaciones del Paraguay comenzaron silenciosamente, en un aula universitaria o en un laboratorio, gracias a un joven que recibió una oportunidad.
Mientras todos miramos —con razón— a la Albirroja, conviene no perder de vista esta otra selección de jóvenes que se prepara para representar al Paraguay. Si logramos reinsertarlos en la vida nacional habremos hecho una inversión infinitamente más valiosa que cualquier otra. Porque la educación sigue siendo el camino más seguro hacia un Paraguay mejor.
Cuando la euforia mundialista haya pasado, estas becas seguirán produciendo médicos, ingenieros, científicos, investigadores y docentes. Ese partido también hay que ganarlo...


