Opinión

Bitcoin en las universidades

Bruno Vaccotti Ramos

| Por La Tribuna
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Ninguna universidad del mundo dictaba ingeniería en petróleo antes de que el petróleo decidiera el destino de las naciones. La carrera o materias especializadas en el tema no nacieron de una moda pasajera, nacieron el día en que un grupo de países entendió que estaba parado sobre algo que el resto del planeta iba a necesitar con desesperación y de manera exponencial.

Las casas de estudio que lo vieron temprano formaron a los ingenieros que después escribieron las reglas de una industria entera. Las que esperaron a que el tema fuera evidente terminaron repartiendo diplomas cuando el partido ya se jugaba en otra cancha.

Nuestro país hoy se encuentra en esa misma bifurcación, solo que el recurso ya no se mide en barriles sino en megavatios convertidos en cómputo. Somos el cuarto actor del planeta en aporte de poder de cómputo a la red de Bitcoin, siendo un país de siete millones de habitantes, estamos parados al lado de las potencias más grandes en la infraestructura del dinero que viene. Eso no ocurrió por suerte: ocurrió por nuestra energía abundante, disponible y por industrias que decidieron tomar un rol protagónico mientras otros discutían si esto era serio.

El dinero dejó de ser un dogma incuestionable. Hoy es otra cosa: datos, código, energía y matemática verificable. Las grandes carreras de esta década se libran por dos recursos, cómputo y energía, y tenemos creada la ventaja competitiva en ambos. Quien entienda esto temprano va a tener una ventaja enorme sobre el que siga leyendo el mundo con un mapa viejo. Y la única manera de que esa ventaja no se evapore es formando a nuestra propia gente para entenderla, regularla y construir sobre ella.

Existen más de una docena de industrias vinculadas al petróleo, el cómputo y la energía están directamente vinculadas a todas las industrias, sin excepción. Ese potencial solamente se puede limitar por falta de visión.

En momentos tan acelerados aparece el adversario silencioso: la inercia académica que sigue tratando al dinero como un capítulo cerrado, una nota al pie en la materia de macroeconomía. El mismo aparato que formó a generaciones para confiar en una moneda que se diluía cada año ahora duda en enseñar la única que nadie puede inflar, la única respaldada 100% por energía y matemáticas verificables. Quien forma profesionales con ese mapa los condena a administrar un mundo que ya no existe. No es prudencia esperar a que el tema madure. Es regalar la ventana de tiempo en la que todavía podemos ser los que escriben el manual, en lugar de los que lo traducen tarde y mal.

Es un contrasentido histórico que seamos potencia en la red y no tengamos una sola aula formando a quienes deberían entenderla. La educación en Bitcoin es exactamente eso: dejar de exportar materia prima por monedas para que otros generen riqueza, en cambio, empezar nosotros a exportar talento y experiencia. El conocimiento, a diferencia de la energía, no se fuga por un cable hacia la frontera: se queda en quien lo aprende y multiplica todo lo demás.

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