Para las personas que tienen o tuvieron un árbol frutal en su casa. Imagínense que cada temporada da más frutos de los que tu familia puede comer. Durante años, se la regalás al vecino, para que él las venda en algún mercado. Mientras tanto, seguís sin plata para reparar tu techo. Esta es, con precisión quirúrgica, la política energética que Paraguay ha sostenido por décadas.
Itaipú genera. Paraguay recibe su mitad. Y nuestro país, en lugar de convertir esa energía en desarrollo interno, la exporta a Brasil a USD 17 por megavatio-hora, cuando el valor de mercado ronda los USD 48. La Ande invierte lo que puede, mientras la infraestructura eléctrica del país envejece mientras el vecino industrializa su economía con nuestra energía. Es el contrato que firmamos y que todavía no terminamos de entender.
Lo que ha cambiado es que Paraguay tiene un argumento nuevo para exigirle a esa energía que trabaje en casa. El sector de minería de Bitcoin posiciona al país en el cuarto lugar global en hashrate de la red. Por primera vez, nuestro país aparece en un ranking tecnológico global como actor estratégico en la infraestructura de la red monetaria más descentralizada del planeta. Jason Lowery lo explica con precisión: quien controla hashrate proyecta poder en el dominio digital igual que quien controla territorio proyecta poder en el dominio físico. Paraguay, sin proponérselo del todo, está proyectando poder. Tres empresas del sector pagan hoy más de USD 100 millones anuales a Ande. El sector trajo más de USD 1.200 millones en inversión. Esos son ingresos que la Ande puede reinvertir en la infraestructura que el país necesita, en la generación que todavía no alcanza para la demanda que viene.
Pero hay quienes ven esto al revés. Para quienes hablan de “soberanía energética” mientras firman acuerdos de exportación subsidiada, la minería de Bitcoin es un problema de consumo, no una solución de valor agregado. Para el regulador que piensa la energía como un recurso a racionar y no como un activo a convertir, el megavatio consumido internamente es un megavatio “perdido”. Quien razona así confunde el mapa con el territorio; la energía que se exporta a precio de retail no construye infraestructura, no genera empleo calificado, no posiciona al país en ningún mapa tecnológico, ya que se va y no vuelve.
Las ventanas energéticas de este tipo, abundantes, renovables y disponibles antes de que la demanda interna las absorba del todo, no duran para siempre. Otros países ya están mirando a Paraguay como modelo, exactamente porque tienen el mismo recurso y todavía no lo aprovecharon. Cuando lo hagan, el cuarto lugar en hashrate global se disputa. La infraestructura que la Ande necesita para sostener el crecimiento del país no se financia con exportaciones a precio de costo; se financia con consumo interno que paga tarifa, con industrias que agregan valor antes de que el megavatio salga por el cable.
Paraguay tiene energía y capacidad probada. Lo que no tiene es tiempo ilimitado para decidir qué hacer con todo eso. Las ventanas, más temprano que tarde, se cierran.


