Solo los muy memoriosos recordarán el conflicto entre Siria e Israel por las “alturas del Golán”. Ocurrió en 1967, hace casi 60 años. Recuerdo que un grupo de muchachos estábamos tomando cervezas frente al desaparecido Hotel Terraza, que cerraba la calle Caballero hacia la Chacarita.
Uno de los “perros”, a quien recuerdo le decíamos “Taddy”, expresó de pronto su preocupación —creo que en joda— y dijo que estaba nervioso por lo que estaba ocurriendo en “las alturas del Golán”.
Se hizo un silencio de asombro y luego nos reímos a carcajadas. ¿Qué era aquello de las alturas del Golán? Poco tiempo después, el conflicto se nos apareció de golpe: llegó al Paraguay en forma de un descalabro en el precio de los combustibles y de otros insumos que tenían que ver con el petróleo.
Ahora es el turno del “estrecho de Ormuz”; antes del lío que armó Trump era muy poco conocido, ahora es el eje del conflicto.
Muchas cosas han cambiado desde lo del “Golán”, pero los efectos son los mismos. Ocurren en el otro extremo del mundo, pero lo sufrimos nosotros.
Y es que este tema del petróleo es como una maldición para países como el nuestro, “petroleodependientes”. Cualquier jeque árabe se vuelve loquito, cierra la canilla y nos acuchilla la economía; como está ocurriendo ahora.
A propósito, me llaman la atención dos cosas. Primero, que no se haya encontrado petróleo en el Chaco, siendo que en Formosa, en diciembre del 83, a metros de la frontera, se encontró petróleo en “Palmar Largo”, donde aún hoy están explotando varios pozos.
La primera prospección petrolífera en Paraguay data del año 1944, hace más de 80 años. Se turnaron empresas americanas y británicas, y no pasó nada. La última fue en el 2024, hace poco, y fue abandonada “por falta de financiamiento”. Todo muy sospechoso. El gracejo popular dice que encontraron petróleo, lo taparon y piensan utilizarlo cuando las papas quemen en esa materia. ¿Ridículo?, perooooo…
Lo otro es que no fuimos capaces de dar el impulso necesario a un tipo de “combustible paraguayo” que reemplaza al petróleo árabe: el bioetanol, que se obtiene a partir de la caña de azúcar. Se dieron pasos, pero nunca con la intensidad adecuada.
Los cañicultores en Paraguay fueron históricamente olvidados. Mucha gente recordará aún la serie “Amarga caña dulce”, escrita por el maestro Alcibíades González Delvalle, en febrero del 71 (más de 50 años), considerada un hito en el periodismo de investigación.
Desde la tremenda denuncia de Alci hasta hoy pocas cosas han cambiado en ese ámbito. El desperfecto del famoso tren de molienda de Petropar parece un problema de la NASA por el tiempo que demoran en solucionarlo.
Para que se tenga una idea del valor de este “negocio”, le pregunté a Google cuánto le costaba a Paraguay el tema de la importación de combustible y me respondió esto: “Las importaciones de petróleo del Paraguay son críticas y elevadas. Ocasionan un gasto anual que supera —lea bien— los 2.200 millones de dólares al año, para el consumo interno”.
La astronómica suma que se maneja con este tema puede explicar muchas cosas. En fin.
¿Será que alguna vez el Paraguay no terminará pagando guerras ajenas en cada surtidor?

