“Más paraguayo que la mandioca”, es una frase que más de alguna vez habremos escuchado por ahí, como una afirmación de amor, arraigo o sentimiento de fanatismo hacia nuestro país.
Y en verdad, la mandioca es tan representativa nuestra, al igual que ese maravilloso regalo de la madre tierra como es la yerba mate, a la que el botánico francés Augustin de Saint-Hilaire clasificó con el nombre científico de Ilex paraguariensis, en 1882.
En rigor, la mandioca es originaria del centro de América del Sur, principalmente la Amazonía, por donde nuestros ancestros guaraníes paseaban sus reales junto a otras etnias de la región hace unos 8.000 años atrás.
Es sabido que los antiguos guaraníes poblaron la Amazonía, desde donde fueron bajando hacia el sur, buscando la “tierra sin mal”.
Precisamente el nombre mandioca proviene del idioma guaraní: mandi’o. En otros países se la conoce como “yuca”, término que también tiene origen guaraní, y proviene de la expresión “oporojukava” (el que mata), haciendo referencia a la variedad de mandioca amarga, que es venenosa.
Los hallazgos arqueológicos más antiguos sitúan vestigios de almidón de mandioca hace unos 9.000 años en lo que es actualmente Colombia.
Como vemos, la mandioca es un fruto íntimamente arraigado a la evolución de los pueblos de la región. Para nosotros es el ingrediente básico de nuestro “pan sagrado”: la chipa.
Esta breve referencia histórica es simplemente a modo de situar la mandioca en el contexto sociohistórico de la región, y su importancia en la vida de los pueblos originarios del continente.
Importancia que a veces, por lo cotidiano, pasa inadvertida, como por ejemplo su enorme potencial como rubro para el desarrollo de la agroindustria, y consecuentemente como motor generador de riqueza para miles de pequeños agricultores.
En la actualidad Paraguay exporta fécula de mandioca a unos 20 países de América y Europa. En el 2024 se exportaron unas 35.000 toneladas.
De los dos millones de toneladas de mandioca que se producen anualmente en Paraguay, menos del 15 por ciento se industrializa. El resto se destina al consumo directo, y en la alimentación animal.
A nivel nacional, Itapúa ocupa el tercer lugar en volumen de producción, y se cuenta aquí con una planta industrial que exporta fécula de mandioca al mundo, pero por falta de materia prima opera a un mínimo de su capacidad.
La producción e industrialización de la mandioca tiene importancia estratégica en el abordaje de un problema crónico en nuestro país: la pobreza campesina.
Es un rubro de fácil manejo, ocupa mano de obra en el campo, en la industria y el comercio, y es una formidable fuente de inyección de dinero al torrente financiero del país mediante la exportación del producto industrializado.
La mandioca tiene un potencial casi ilimitado de generar riqueza. Solo faltan políticas públicas que motoricen esas oportunidades.


