Opinión

Dinero que guarda lo que el tiempo se lleva

Bruno Vaccotti Ramos

| Por La Tribuna
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El denario romano, la moneda del Imperio durante casi cinco siglos, estaba compuesto puramente de plata en su origen. Menos de dos siglos después, contenía apenas un 2% de plata. El resto era cobre y deuda disfrazada de metal. Los emperadores lo hicieron gradualmente, limando los bordes, diluyendo el metal, convencidos de que nadie notaría. La gente no es tan tonta. El Imperio no sobrevivió.

En Paraguay, nadie habla de dilución monetaria. Hablamos de precios que suben, sueldos que no alcanzan, familias que trabajan durante años y siguen sin poder comprar una casa. La inflación en Paraguay no es tan dramática como la argentina o la venezolana, y ese es precisamente su peligro. Es silenciosa, estructural, una gotera que no inunda hoy, pero que arruina la casa en diez años. El guaraní de 2005 y el de hoy no son la misma cosa, aunque tengan el mismo nombre. Guardar en guaraníes es guardar agua en una canasta; algo siempre se pierde.

El dinero duro, aquel cuya oferta nadie puede manipular, no es un lujo; es la condición mínima para que el ahorro tenga sentido. Suiza mantuvo su moneda ligada al oro hasta 1992; el desempleo nunca superó el 1%. Cuando la gente confía en que su dinero valdrá mañana lo que vale hoy, construye capital. El dinero fiduciario no solamente destruye el ahorro, sino que destruye la cultura del ahorro. Bitcoin tiene 21 millones de unidades. No existe comité que vote una excepción, ni crisis que justifique emitir un poco más. Esa escasez verificable y programada es la propiedad monetaria más importante que ha existido jamás, con una certeza matemática que el oro nunca pudo garantizar.

El adversario de este argumento no es el ignorante, es el cómodo. El asesor que recomienda bonos del BCP, el político que confunde estabilidad nominal con prosperidad real. Admitir que el dinero fiduciario es defectuoso por diseño implica reconocer que décadas de política monetaria fueron una transferencia sistemática de riqueza desde los que ahorran hacia los que emiten. El dólar no tiene respaldo en oro desde 1971 y ha perdido el 97% de su poder adquisitivo desde que la Reserva Federal fue fundada en 1913. Sigue siendo mejor refugio que el guaraní, pero no deja de ser un refugio con goteras propias.

Para nosotros, en Paraguay, la ecuación tiene una dimensión adicional. Tenemos energía abundante, disponible y renovable, la mayor ventaja estructural de la región. Tenemos industrias de minería que aportan más de USD 90 millones anuales a la Ande, un sector que atrajo USD 1.200 millones en inversión sin subsidio estatal. Y tenemos miles de familias que repiten el error romano: trabajan, generan valor real, y guardan ese valor en instrumentos que el tiempo y la política devoran. Quien entiende por qué resguardar en dinero duro deja de depender del capricho de cualquier banco central. Esa independencia no se decreta. Se construye.

El denario romano tardó tres siglos en perder toda su plata y desaparecer. Nosotros llevamos décadas. La diferencia es que hoy existe una salida que ningún gobernante puede limar.

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