Las internas partidarias para elegir candidatos a intendentes y concejales se acercan vertiginosamente, y los postulantes buscan, con pálido resultado, instalar en el electorado la euforia y el bullicio propios de este tipo de acontecimientos.
No sabemos si es una estrategia de acción el mantener encuentros puntuales y “quirúrgicos” con potenciales nichos de votos, o no dejar al descubierto un eventual escaso nivel de “arrastre” popular.
Lo cierto es que no se están viendo esos multitudinarios encuentros partidarios, ni aún con la presencia de figuras de “peso” traídas desde la capital.
Los que nunca faltan son los eternos “operadores”, y aquellos que “a través de la política” buscan solucionar sus problemas económicos con algún “carguito” en un puesto público.
Son los más entusiastas. Dispuestos a todo, incluso a hacer trampas para que gane su “caballo”.
El resto del electorado mira con ojos entrecerrados. Podemos intuir las motivaciones: baja expectativas en cuanto a propuestas y promesas; tal vez el desgaste de las figuras políticas, o simple apatía y desconfianza.
Es sabido que en el día “D” de las elecciones lo que marca la diferencia entre ganar o perder se funda en argumentos más sólidos y eficaces que las meras promesas de campaña. Este es el “Factor P” (plata), como decía un político.
No obstante, en esta lectura algo pesimista hay un elemento que debemos valorar y rescatar: el poder ciudadano de intervenir en la cosa pública a través de su participación activa en la vida comunitaria.
Por lo general tendemos al error de creer que la participación política se limita a depositar el voto cada cinco años, y que el resto es cosa de los políticos.
Les dejamos las manos sueltas para que literalmente hagan lo que quieran con nuestro dinero, nuestros recursos. Y si bien existen mecanismos de control y equilibrio institucionales no son eficaces.
La democracia es la mejor herramienta que conocemos para la construcción de una sociedad con justicia, en libertad, en igualdad de oportunidades. Pero una democracia sostenida y fortalecida por una ciudadanía activa, y no anestesiada con la repetición de un libreto cada cinco años.
La política no es un asunto solamente de los políticos, y la democracia es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos.


