Me encantó la genialidad del tapero de Crónica, nuestro diario hermano. Como viejo tapero sé que es dificilísimo lograr un título original y gracioso, capaz de hacer reír a los lectores, que es lo más importante. Fantástico el “Chau-queñito” con el que despacharon el tema. Y en la misma edición del viernes, en tapa, otra genialidad: un collage estupendo de la Albirroja. Arriba, “La Albirro”, con una tipografía cirílica rarísima; al fondo, el Partenón; y en primer plano, los rostros sonrientes de los jugadores, con la joya —sííí— Enciso al frente. Aplicado otro titular genial… “reGRecia con todo”..., y la guinda de la torta, el copete, bien prolijito en el ángulo inferior derecho sin molestar en absoluto a la visual. Perfecto.
Siempre admiré a los taperos peloteros por su ingenio y creatividad. Creí que estaban desapareciendo, arrasados por el tiempo y por una tecnología sin alma. Pero lo de Crónica reaviva mis esperanzas de un periodismo joven, indómito y creativo, que no se rinde ante la cosificación de la modernidad. Me inclino ante ellos.
Me perdonan la digresión. No es este mi tema, pero me dejé llevar por la belleza del momento.
Mi tema es “Chaqueñito”. Algo desagradable, algo que nos condena a todos. ¿Cómo no sabemos elegir, al punto de llevar a esta clase de personajes al Parlamento? Aunque, en realidad, el Congreso no es precisamente un dechado de virtudes: hay una decena señalada por narcotráfico y otras lindezas. Pero este… ¡senador! Qué locura. Dicen que lo eligieron porque tenía más “me gusta” en Facebook.
Y ni hablar del otro que quedó por el camino: el tal “Mbururú”, que no pudo asumir porque estaba con prisión preventiva. De locos. No sé si esto es una especie de vendetta ciudadana, al estilo Cicciolina en Italia, a quien llevaron al Congreso para burlarse de los políticos.
Luego nos quejamos de los legisladores, de sus privilegios, de sus acomodos y sus escándalos. Y lo peor es que siempre caemos de la sartén al fuego. “Payo, la solución”, que por poco arrasa con todo, y miren los engendros que llevó al Legislativo. Ahora vemos con preocupación que se prepara otro personaje estrafalario, proveniente de la nunca bien ponderada CDE. El tal Prieto, que llegó a Asunción ensoberbecido por el triunfo de su candidato y quiso llevarse a todos por delante. Menos mal que se topó con una vocinglera como Celeste, que le sugirió una dosis de “ubicol” y lo mandó a…, pero ahí está...
Y bueno, ante semejante menú político, creo sinceramente que lo de Santi es lo mejor que le pudo haber pasado al país en este momento. Encontró todo patas arriba y ordenar lleva tiempo, pero estoy seguro —y lo aposté con varios colegas— de que va a terminar bien su Gobierno. Tiene una gran capacidad de trabajo y conoce los intríngulis de la economía. Y eso hoy es clave.
Y me reafirmo, aunque me tilden de genuflexo. ¡Lo veremos en el 2028¡










