La Caja Fiscal no empezó a sangrar ayer. ABC Color lo sabía y lo escribió con tinta gruesa. En marzo de 2024 la llamó, sin eufemismos, “bomba de tiempo” y advirtió que en apenas dos meses el déficit cubierto con impuestos ya rondaba US$ 47 millones, con proyección de cerrar el año por encima de US$ 300 millones.
Meses después, el FMI volvió a marcar el mismo punto: el déficit crece y las reformas deben aplicarse “más temprano que tarde” para no desplazar otras prioridades de gasto. No era un debate ideológico; era aritmética fiscal.
La aritmética, de hecho, empeoró. Según datos del MEF difundidos por ABC, 2024 cerró con ingresos de poco más de G. 3 billones y gastos por encima de G. 5,3 billones, es decir, con un déficit de más de G. 2,2 billones, casi el doble que en 2023 (+94,6%). Y el agujero tiene nombre y apellido: militares (76% de déficit), policías (67%) y magisterio (46%), entre otros. Peor, el mismo informe advierte que las reservas podrían agotarse en 2027.
Con estos números, reformar no es una opción estética; es una condición de sostenibilidad. Se puede —se debe— discutir si la edad mínima, los años de aporte o la tasa de sustitución son justos, si el ajuste es gradual y si el recorte de haberes es el camino correcto. Incluso, ABC detalla que el texto votado en Diputados recorta tasas y endurece requisitos.
Pero otra cosa es cambiar el encuadre sin rendir cuentas del propio diagnóstico. En febrero de 2026, ABC titula que Diputados aprobó “a los apurones” un plan “polémico”, subraya el clima de protesta y la mayoría cartista, y el relato se llena de sospechas sobre forma, timing y costo político. En paralelo, la reforma aparece incrustada en otras batallas, como la “jubilación vip” y las “mentiras” de campaña.
Nada de eso es irrelevante, pero sí es insuficiente si la prensa pretende ser brújula y no veleta. Si ayer era una bomba, hoy no puede convertirse en “reforma cuestionable” sin explicar qué cambió en la matemática previsional. Porque el déficit sigue ahí; lo que se mueve es el énfasis. Y cuando el énfasis se acomoda a la conveniencia, el rojo no es solo fiscal; es de coherencia. Y ese déficit de credibilidad se paga en desconfianza.


