De perder a su esposa a convertirse en el ángel guardián del Incan

Juan Cabrera perdió a su esposa Sara hace más de siete años a causa del cáncer de mama. Hoy, sin recibir sueldo alguno, preside la Fundación Las Elegidas y dedica sus mañanas a orientar, contener y asistir a miles de pacientes oncológicos que llegan allí desorientados.

| Por La Tribuna
Agregar La Tribuna en
Con la camiseta albirroja y el compromiso intacto, el presidente de Las Elegidas agradece la valiosa donación entregada por la familia de un paciente que perdió la batalla, pero dejó un legado de empatía.

El Instituto Nacional del Cáncer (Incan) es un mundo distinto, un escenario fuertemente marcado por la angustia pero también por la esperanza. Entre sus pasillos camina Juan Cabrera, actual presidente de la Fundación Las Elegidas. Él es el único hombre en una comisión directiva conformada íntegramente por pacientes y familiares. Su labor no inició con un nombramiento jerárquico ni con un salario asegurado, sino tras acompañar a su esposa hasta su último momento en una dura e incansable batalla contra el cáncer.

Una promesa de amor nacida desde la pérdida

Juan y su esposa, Sara, vivieron veinticinco años trabajando en Argentina y España. Regresaron a Paraguay soñando con un futuro tranquilo y lograron construir una casa con un departamento. Sin embargo, en el año 2014, cuando su hija Sandra estaba por cumplir dos años de edad, recibieron la noticia más devastadora: a Sara le diagnosticaron cáncer de mama en estadio tres. La lucha familiar fue enorme. Juan perdió su negocio, una bodega, consumido por los gastos económicos. Peleó mediante amparos judiciales para conseguir medicamentos vitales, pero la enorme burocracia estatal retrasó el tratamiento de forma crítica. Tras una heroica resistencia de varios años, Sara falleció hace siete años y medio.

En lugar de dejarse vencer por el luto, Juan encontró en el voluntariado su principal terapia para sanar el alma. Su motor diario es honrar a Sara y convertirse en un ejemplo para su hija. “El dolor de su ausencia me transmitió estas ganas inmensas de luchar por los demás”, confiesa emocionado. Así, logró transformar su tristeza en una entrega absoluta para que otros enfermos no tengan que enfrentar la misma desolación que él vivió.

Las Elegidas y el trabajo en las trincheras

La fundación comenzó apenas como un pequeño grupo de WhatsApp conformado por pacientes oncológicas. Al notar el talento de Juan para gestionar trámites ante las autoridades de salud, lo invitaron a involucrarse de lleno. Hoy la organización cuenta con personería jurídica y opera desde una oficina tipo contenedor, donada por Diego Benvenuto de la empresa Kaya Containers. Desde ese pequeño búnker de solidaridad, Juan y tres compañeras dedican todas sus mañanas a recibir y guiar a los enfermos que llegan desorientados de todo el país.

La labor comunitaria es exhaustiva. Los propios doctores del hospital derivan a los recién llegados hacia Juan para que él los instruya velozmente sobre cómo agendar consultas y procedimientos. A la par, la fundación suple las graves fallas del sistema proveyendo insumos médicos fundamentales como catéteres y cánulas. También interceden para ubicar a los pacientes del interior en albergues totalmente gratuitos, proveyéndoles de paso donaciones de alimentos y artículos de higiene.

Juan Cabrera sostiene el cartel de la fundación junto a una de las tantas voluntarias que, con su donación, ayuda a mantener viva la esperanza en el Incan.
Juan Cabrera sostiene el cartel de la fundación junto a una de las tantas voluntarias que, con su donación, ayuda a mantener viva la esperanza en el Incan.

Autogestión, empatía y el anhelo de un país mejor

Mantener toda esta logística demanda un trabajo incansable, ya que la fundación no recibe fondos del Estado. Financian sus múltiples acciones mediante la venta de artesanías, escarapelas patrias en mayo, lazos rosados en octubre y lazos azules en noviembre. Asimismo, coordinan celebraciones tradicionales para demostrar que en el Incan no todo debe ser tristeza; el paciente oncológico también merece conservar la alegría, un factor clave para lograr enfrentar los agotadores tratamientos de quimioterapia.

Juan no percibe remuneración alguna por esto. Consigue sostenerse económicamente de forma independiente gracias al alquiler de su departamento, consagrando todo su tiempo a esta causa solidaria. Aunque debe lidiar en ocasiones con la falta de personas dispuestas a ser voluntarias, él jamás claudica en su misión. Su mayor victoria personal es presenciar cómo su esfuerzo siembra diariamente una enorme semilla de humanidad en su hija adolescente, quien hoy anhela cursar la carrera de medicina.

Juan asegura con firmeza que el país cuenta con los recursos, pero requiere urgentemente una administración empática hacia el sufrimiento ajeno. Mientras aguarda que el sistema mejore, él sigue acudiendo fielmente cada mañana al mismo hospital al que llevó a su esposa. Eligió transformar su profunda tragedia personal en una cruzada solidaria que hoy es un faro de luz para miles de familias paraguayas que luchan contra el cáncer.

La palabra del día

Empatía

Definición: Capacidad de identificarse con alguien y compartir profundamente sus sentimientos.

El concepto de empatía resume la misión de Juan Cabrera. Tras vivir en carne propia la dura batalla oncológica de su esposa, hoy utiliza esa experiencia para comprender y contener a las familias del Incan. Su labor demuestra que haber transitado el dolor nos da el poder de brindar exactamente la guía que otros necesitan.

También te puede interesar

Últimas noticias