Los indicadores educativos permiten dimensionar uno de los grandes desafíos que tiene Paraguay. Los resultados más recientes de las pruebas PISA, publicados por la OCDE en septiembre del 2026, indican que solo el 24% de los estudiantes paraguayos de 15 años alcanzó al menos el nivel 2 de competencia lectora. Esto significa que a la gran mayoría le cuesta identificar la idea principal de un texto. El desafío comienza antes: el Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) 2019 de la Unesco advertía que apenas el 18,8% de los alumnos de sexto grado lograba el nivel mínimo en lectura. Más que una lectura pesimista, estos datos revelan una oportunidad urgente: intervenir desde los primeros años escolares para consolidar el aprendizaje fundamental.
Aprender según las necesidades reales
Para revertir estas cifras, se implementa una metodología de enseñanza en las aulas que rompe con el paradigma tradicional. En lugar de asumir que todo un grado debe aprender de la misma manera y ritmo, esta propuesta educativa parte de un conocimiento profundo de la situación real de los estudiantes. A través de evaluaciones diagnósticas y un acompañamiento cotidiano, se identifica qué aprendizajes ya han sido alcanzados y cuáles son las dificultades que frenan el desarrollo de cada niño o adolescente.
Una de las principales estrategias es la enseñanza de la lectoescritura por niveles. Los materiales didácticos y las actividades se organizan de acuerdo con las habilidades que cada grupo necesita desarrollar. Esto permite que los docentes adapten las propuestas, brindando los apoyos específicos y realizando los ajustes razonables necesarios para asegurar que nadie quede atrás.
El aula como espacio de acompañamiento
El éxito de esta metodología radica en comprender que la intervención pedagógica no termina al concluir un taller de capacitación. El enfoque propone una inmersión en el entorno educativo: equipos especializados llegan a las escuelas, realizan el acompañamiento docente en el aula, observan cómo responden los estudiantes, conversan con los maestros y ayudan a revisar las estrategias cuando es necesario.
Esta continuidad asegura que la metodología no sea una receta cerrada. Los docentes trabajan en la adaptación de materiales, aplicando estrategias de expresión oral, enseñanza global, trabajo colaborativo y actividades lúdicas. En las aulas, se observa cómo los grupos avanzan a ritmos distintos, permitiendo a los maestros retomar sesiones o incorporar dinámicas desafiantes, desde armar palabras con silabarios móviles hasta formar oraciones.

La confianza como motor del conocimiento
Este seguimiento constante ha registrado un componente menos cuantificable pero vital para el éxito escolar: el factor emocional. Al recibir una educación ajustada a su nivel, las niñas y niños comienzan a sentirse capaces. Ganan confianza, esperan con entusiasmo los espacios de lectura y desarrollan una actitud proactiva.
Este cambio metodológico articula acciones con directivos y supervisores, instalando capacidades genuinas en cada escuela. Se genera un proceso sistemático de mejora continua que transforma la cultura escolar, enfocándose en las personas que enseñan y aprenden.
Para que este núcleo metodológico, conocido como Alda Educa, sea sostenible y llegue a miles de estudiantes, requiere alianzas estratégicas. A través de proyectos como Educando con Raíces y Construyendo Futuros, suma su experiencia a los recursos del sector privado. Gracias a la inversión de Raíces Real Estate y VMA Siderúrgica SA se demuestra que el cambio educativo se construye escuela por escuela, generando un mejor futuro.
La palabra del día
Acompañamiento
Definición: Acción de estar o ir junto a otra persona para brindarle apoyo, ayuda o respaldo.
Este concepto encapsula la esencia de la metodología Alda Educa. El verdadero cambio no nace de una receta rígida, sino de caminar junto al docente en el aula y adaptar la enseñanza al ritmo de cada alumno. Al sostener este proceso, el estudiante gana confianza y potencia su futuro.


