El sonido de los astilleros y la inmensidad de los buques fueron, durante más de cuatro décadas, el ecosistema de María Selva Rolón. Egresada de la Facultad de Química de la UNA, esta paraguaya no solo se adentró en un mundo exclusivo para hombres, sino que lo conquistó. Su historia es la de una mujer pionera en la industria naval que, sin leyes de protección laboral femenina, supo imponerse a base de profesionalismo y un carácter firme. Hoy, desde el barrio Sajonia en Asunción, repasa una vida de desafíos superados y demuestra que el empoderamiento y la fuerza interior nunca tienen fecha de vencimiento.
La primera mujer en el astillero de la Armada Paraguaya
Hace cuarenta años, la Armada Paraguaya albergaba el astillero industrial más imponente de Sudamérica y el único laboratorio de análisis de metales de la región. Contaba con un dique seco para naves de cien metros, talleres de fundición y mecánica pesada. Fue allí donde María Selva inició su carrera como analista industrial. Lejos de amedrentarse por la rudeza del entorno naval, se especializó en el control de calidad y en el análisis de metales pesados.
Su mayor hito histórico llegó cuando se convirtió en la primera mujer de Sudamérica certificada para realizar inspecciones de barcos mediante ultrasonido. “No se le daba valor a las mujeres cuando hacían un trabajo de hombre, y no se les quería pagar lo mismo”, recuerda con la sabiduría de quien ha librado muchas batallas por la equidad salarial. En aquellos años, la presencia femenina en la industria marítima era una anomalía que muchos miraban con recelo, pero que ella transformó en excelencia pura.
Inspecciones navales y el desafío del liderazgo femenino
El día a día de María Selva implicaba descender a los diques secos, adentrarse en las entrañas de los barcos y trabajar codo a codo con operarios y marinos. “Cuesta muchísimo. Estar entre hombres de todos los niveles requiere de un carácter muy especial”, confiesa. Ese temple lo heredó de su padre, quien la crio entre varones y le inculcó una lección vital: jamás debía temer a la figura masculina en el ámbito profesional.

Lo que verdaderamente forjó un escudo a su alrededor y obligó al entorno a respetarla fue su sólida formación académica. “Lo que más me defendió fue que yo era una profesional, tenía un título universitario. Eso hacía que me respetaran”, afirma. María Selva no solo realizaba inspecciones técnicas, también era experta en el control de explosividad en tanques de combustible, donde un error podía ser fatal. Su talento la llevó a ser jefa de estudio de la Escuela Técnica Básica de la Armada, formadora de futuras generaciones de marinos.
Jubilación activa: de la industria naval al emprendimiento orgánico
Tras una carrera impecable y habiendo abierto una ruta por la que hoy transitan muchas otras jóvenes profesionales, María Selva llegó a la etapa de jubilación. Pero para una mente acostumbrada a la acción, el descanso absoluto no era opción. A sus 72 años, impulsada por su inagotable energía, fundó su propio emprendimiento de alimentos orgánicos en Asunción.
Todo empezó cuando notó que en el mercado local faltaba oferta de lácteos caprinos. Hoy comercializa desde su casa leche, yogur y queso de cabra, además de miel de abeja de Campo 9 y queso paraguay. Su regla comercial es infranqueable: “Todo lo que sea bueno, yo misma lo pruebo primero para comprar y volver a vender”. Su estricto control de calidad, antes aplicado al acero de los buques, hoy garantiza la frescura de sus productos naturales.
Además, las empresas navieras la siguen contratando como consultora externa para inspeccionar remolcadores. Al reflexionar sobre la tercera edad, regala un consejo fundamental: “Es importantísimo no quedarse quieto. Uno tiene que mover el cerebro tanto como el cuerpo. No hay que dejarse estar, eso te vuelve dependiente”. Ella predica con el ejemplo: trabaja, emprende, baila con amigas y nos enseña que ser pionera es un estilo de vida.
La palabra del día
Estela
Definición: Rastro que deja una embarcación en el agua al moverse. Huella duradera que deja el paso de alguien.
La vida de María Selva representa este concepto con exactitud. En su recorrido por los astilleros no solo demostró su capacidad, sino que dejó una marca imborrable. Su valiente trayectoria es esa estela que hoy guía a las nuevas generaciones de mujeres en la industria naval, demostrando que su actitud pionera y su espíritu activo no se detienen jamás, ni siquiera con la jubilación.


