El inicio de esta aventura se remonta a San Petersburgo, donde reside William Díaz Bertolini desde hace tres años, tras vivir una década en Siberia. William, profesor de inglés y español, siempre buscó la forma de mantener vivas sus raíces. Así comenzó a organizar actividades lúdicas en una biblioteca local, donde introdujo elementos tradicionales como el trompo. Esta iniciativa despertó gran interés en la comunidad y coincidió con la visita de representantes de la Embajada de Paraguay en Rusia que decidieron apoyar esta exhibición cultural.
A partir de allí, surgió la idea de ampliar las muestras en una feria más completa. William pensó en su amigo de antaño, el fotógrafo paraguayo Óscar Rivet. “Tengo una persona que podría venir y mostrar muchas cosas”, sugirió, encendiendo la chispa del proyecto. La embajada respaldó la iniciativa y, con la colaboración de Yacyretá para los pasajes, más aportes de amistades para viáticos, el sueño fue posible. Rivet viajó a Rusia, alojándose con su amigo.
Ecos de ñandutí y fauna guaraní en escenarios rusos
La participación de estos dos amigos en el V Festival Latinoamericano y del Caribe fue una ventana al corazón de Sudamérica. Juntos realizaron tres presentaciones magistrales. Las dos primeras tuvieron como escenario Moscú: una en los históricos jardines del Hermitage, ante una multitud, y otra en el Zoológico de Moscú. La tercera se desarrolló en San Petersburgo, donde el público volvió a responder con entusiasmo ante la propuesta.
Las disertaciones fueron experiencias dinámicas donde Rivet proyectó sus fotografías, acompañadas de elementos tangibles y sonoros. El auditorio admiró la delicadeza del ñandutí, los ponchos de 60 listas y los sonidos de la naturaleza nacional. Cada imagen escondía una historia. El fotógrafo explicó la fauna y su significado. El jaguareté, el urutaú, el carpincho y el pájaro campana fueron los protagonistas. El canto del ave nacional resonó en suelo ruso, transportando a los participantes a los bosques guaraníes. Además, narraron la leyenda del ñandutí, así como la historia del poncho para’í de 60 listas y el significado de las franjas que conforman esta emblemática prenda. De esa manera, cada relato se transformó en un pequeño tesoro de información y en una puerta de entrada a la identidad paraguaya.
Asombro y curiosidad ante nuestra identidad nacional
La reacción superó las expectativas. El público ruso quedó maravillado por la diversidad natural, los mitos y las tradiciones del Paraguay. “Muchas veces no dimensionamos lo que Paraguay representa fuera del país”, confesó Óscar Rivet. Al finalizar cada exposición, los espectadores indagaban sobre temas fuera del programa oficial, siendo la gastronomía uno de los asuntos más consultados. Todos querían saber sobre los platos tradicionales, los ingredientes autóctonos y las costumbres culinarias de nuestra tierra.

El impacto de una amistad que tendió un gran puente
Para Rivet, la experiencia dejó una marca. “Regreso con el pecho inflado de orgullo. Fue una satisfacción llevar a un país tan impresionante parte de nuestra cultura. Y aun así nos quedamos cortos ante la curiosidad de los rusos”, manifestó. El logro fue un esfuerzo compartido. Rivet agradeció a las instituciones, al Zoológico, a la embajada y patrocinadores. Sin embargo, dedicó palabras especiales a su compañero: “Ya lo dije muchas veces, pero quiero volver a hacerlo: gracias por tanto y por todo, William”. A través de una gran amistad, el arte y un profundo amor por sus raíces, Óscar y William lograron unir naciones a miles de kilómetros.
La palabra del día
Arraigo
Definición: Firmeza y profundidad de afectos y de las costumbres.
El arraigo refleja a la perfección la pura esencia de esta historia. A pesar de los miles de kilómetros que separan a Rusia del Paraguay, el inmenso amor de estos dos amigos por sus raíces logró acortar las distancias, demostrando al fin que nuestra rica cultura es el mejor puente hacia el resto del mundo.


