La Tribuna que cambia el juego

Ilda, la mujer que venció al miedo y está a un paso de su doctorado

Tras el asesinato de líderes de la comunidad Paĩ Tavyterã, Ilda Duarte asumió el mando bajo amenazas del crimen organizado. Venciendo barreras y soledad, esta valiente docente indígena se aferró a la educación y hoy está a un paso de convertirse en doctora.

| Por La Tribuna
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Ilda Duarte Bareiro (izquierda), lideresa paĩ tavyterã y futura doctora en Educación, junto a Tina Alvarenga (derecha), destacada referente histórica de la Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay (MIPY).

Hace años, el crimen organizado irrumpió en las comunidades indígenas, y no de manera tímida, sino con balas y muerte. En la comunidad Yrapey del pueblo Paĩ Tavyterã, ubicada en el distrito de Yby Yaú (departamento de Concepción), dos líderes fueron asesinados. Ante el miedo, nadie quería candidatarse para asumir el liderazgo. Fue entonces cuando la comunidad se reunió y le pidió a Ilda Duarte que tomara este riesgo.

En aquel momento, ella trabajaba con un grupo de mujeres de la Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay (MIPY). Con el apoyo unánime de su comunidad, asumió el cargo. Desde entonces ha recibido amenazas de diferente índole, pero se aferra a la vida y a la firme convicción de que la educación es el camino.

Ilda cuenta actualmente con dos licenciaturas: en Antropología Cultural Guaraní y Paraguaya y en Ciencias de la Educación. Además, es magíster en Educación.

“Empecé como lideresa, luego colaboramos con una ONG y comencé a trabajar en la alfabetización de adultos en mi comunidad. Logramos validar nuestro trabajo mediante un plan piloto y pronto me convertí en docente de educación permanente. Con mi salario costeé la licenciatura y luego la maestría. Durante ese tiempo tuve la oportunidad de viajar a Murcia, España, para un curso de formación. Ahora quiero ser doctora en Educación y tengo la posibilidad de lograrlo este año”, relata Ilda en guaraní.

La educación como camino

“La educación para las mujeres es una gran vía hacia el bien. En nuestro caso, tratamos de entrelazar los saberes. Como pueblo paĩ decimos ‘arandu ryvy, arandu ryke’y’ (la ciencia es el hermano menor de nuestra cultura, que es la hermana mayor) para que tenga sentido en nuestras vidas”, explica.

Afirma que su labor como educadora busca integrar el conocimiento de diferentes culturas para complementar la ciencia. “Los paĩ somos muy cautelosos con lo nuestro. Por ejemplo, el año pasado ocurrió la lluvia de estrellas Perseidas. Este fenómeno ya era conocido por nuestros ancestros como ‘jasy tata kurusu’ (cruz de fuego de luna) y anuncia tiempos de cambios climáticos severos que requieren oración. Como educadores, debemos trazar ese paralelismo y dar a conocer tanto lo que dicen los científicos como la visión de nuestra cultura”, reflexiona.

Determinación ante la adversidad

“En muchas oportunidades me sentí sola y triste”, confiesa. “En todos los cursos, la mayoría de los estudiantes no eran indígenas. En la maestría estuve con extranjeros que hablaban inglés, portugués o español, mientras que mi lengua principal es el guaraní. Tuve que preguntar y repreguntar muchas veces. Agradezco a mis docentes porque nunca me discriminaron, pero sí sentí tristeza al ver que las compañeras indígenas con las que inicié fueron desertando. Para nosotras, las barreras siguen siendo más grandes que las posibilidades”.

Las limitaciones económicas para viajar o acceder a materiales dificultan el estudio. “Si nos comparamos con los demás, la primera idea es abandonar la carrera, pero yo me determiné y seguí adelante paso a paso”, cuenta. Esta inquebrantable decisión también tuvo repercusiones en su vida personal, ya que su pareja no apoyó su deseo de seguir estudiando. Hoy, sin embargo, se enorgullece de que sus hijos sean profesionales y universitarios. Actualmente, trabaja en su tesis doctoral, que propone un análisis profundo sobre la educación escolar indígena.

Los derechos de las mujeres y el liderazgo

“Anteriormente, en nuestra región casi no había mujeres indígenas en espacios de decisión. Esto fue cambiando porque las mujeres empezamos a formarnos y a ocupar esos lugares de manera organizada”, subraya. Ser docente y lideresa en una zona de frontera y conflicto no ha sido fácil. De perfil bajo y sonrisa escasa, el semblante de Ilda refleja la preocupación por numerosos conflictos que rara vez se hacen públicos. Sin embargo, su disciplina es constante: terminó la secundaria en 2009 a los 30 años y ahora, a sus 46, encamina su tesis doctoral.

La palabra del día

Determinación

Definición: Firmeza, valor y seguridad con que se persigue un objetivo.

Este concepto define la vida de Ilda. Frente al asedio del crimen organizado y la soledad académica por ser mujer indígena, jamás retrocedió. Asumió el liderazgo comunitario y usó el estudio como escudo. Su avance inalterable, desde la alfabetización rural hasta rozar hoy un doctorado, demuestra que una convicción firme logra derribar los muros sociales y culturales más altos.

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