La historia de María Esther Riveros rompe con la idea de que la investigación científica es un territorio exclusivo para personas con trayectorias de décadas. A sus 27 años, esta ingeniera agrónoma, egresada con Mención de Honor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), ya construye un camino sólido basado en la disciplina y la vocación.
Lejos de surgir de manera repentina, su interés por la ciencia se gestó desde la infancia. Su curiosidad natural la llevaba a observar el entorno, mirando las flores de su madre o siguiendo el rastro de las hormigas. Lo que en aquel entonces eran simplemente juegos, hoy lo comprende como el inicio de su carrera investigativa.
Su elección por la Ingeniería Agronómica respondió a un propósito claro: aportar al desarrollo de Paraguay combinando la investigación con la práctica agrícola. Para lograr sus metas académicas, que incluyeron un sobresaliente promedio, Riveros se apoyó en una red fundamental compuesta por su familia, docentes y compañeros. Asimismo, la obtención de la beca de Itaipú Binacional marcó un antes y un después en su vida. Este apoyo le permitió enfocarse plenamente en sus estudios, forjando en ella una férrea disciplina impulsada por el compromiso de retribuir a su país la oportunidad recibida.
Ciencia aplicada para el desarrollo agrícola
Actualmente, el trabajo de Riveros se centra en áreas de vanguardia como la biotecnología vegetal, el cultivo in vitro y el estudio de plantas medicinales, todo bajo un estricto enfoque de sostenibilidad y aprovechamiento consciente de los recursos naturales.
De manera sencilla, ella describe su labor como la multiplicación de plantas en un ambiente controlado. En el laboratorio, hace crecer las especies dentro de frascos con una alimentación especial, logrando un desarrollo más rápido, libre de enfermedades y de una calidad superior. El impacto de estas investigaciones tiene una aplicación directa en la vida cotidiana y en la economía del país. Su objetivo principal es asegurar que el campo sea más productivo y que las personas tengan acceso a productos naturales de mejor calidad, mediante la creación de nuevos protocolos y el minucioso análisis de semillas.
Para la investigadora, la semilla representa el inicio de todo el ciclo agrícola; garantizar su germinación exitosa es asegurar el futuro de cualquier cultivo. Además, asume la gran responsabilidad de trabajar con recursos naturales bajo la premisa de producir mejor, respetando siempre lo que la tierra provee, buscando aportar desde la ciencia a un uso mucho más eficiente del entorno ambiental.
Un nuevo paradigma para la ciencia paraguaya
En un ámbito que muchas veces se percibe como reservado para unos pocos, Riveros lidera a una nueva generación de investigadoras. Para ella, la juventud no es una barrera; al contrario, le otorga la energía necesaria para evolucionar constantemente. Su participación en eventos científicos, tanto nacionales como internacionales, demuestra que con metas claras, los límites no existen.
Representar a la UNA y a Paraguay en el extranjero es uno de sus mayores orgullos, porque allí expone no solo su trabajo técnico, sino el enorme potencial científico nacional. Entre sus mayores reconocimientos brilla el Premio Mujeres Paraguayas en la Ciencia 2025, un galardón que define como el momento cumbre de su carrera, donde sintió que todo el sacrificio valía la pena.
Su visión sobre la ciencia nacional es realista, pero esperanzadora. Si bien los recursos suelen ser limitados, resalta el abundante talento local y la necesidad de apoyarlo. Su trayectoria confirma que las mujeres jóvenes aportan gran rigor. Apuesta por la innovación tecnológica, integrando la inteligencia artificial como aliada estratégica. Para quienes desean iniciar este camino, su mensaje es claro: la persistencia y la confianza son vitales para triunfar.
La palabra del día
Savia
Definición: Líquido que circula por las plantas para nutrirlas. Figuradamente, energía o elemento que revitaliza.
María Esther Riveros encarna la “savia nueva” de la ciencia en Paraguay. Así como este fluido vital hace crecer los cultivos que ella investiga, su juventud y talento inyectan una energía renovadora a la biotecnología. Su historia demuestra que las nuevas generaciones son el motor imprescindible para impulsar el desarrollo agrícola y científico del país.


