La Tribuna que cambia el juego

Fracasó, no se rindió y hoy dirige su propio negocio en Loma Pytã

De amasar pizzas a los 14 años a manejar autos por plataforma, tras varios fracasos, Galdino Recalde nunca renunció a su sueño. Hoy, gracias a la resiliencia y el apoyo incondicional de sus padres, dirige su exitoso local gastronómico en Loma Pytã, dando empleo y demostrando que la perseverancia rinde frutos.

| Por La Tribuna
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Galdino Recalde luciendo con orgullo la camiseta Albirroja, posa sonriente frente a su exitoso local “Re Burguer”, rodeado de su equipo de colaboradores.

Mientras la mayoría de los adolescentes de su edad pensaban en salir de fiesta o planeaban qué carrera universitaria seguir, Galdino Recalde tenía las manos en la masa. Su historia con la gastronomía no comenzó por casualidad, sino por vocación y trabajo duro. Corría el año 2014 cuando, con apenas 14 años, decidió empezar a ayudar a su hermana mayor en un pequeño local en casa, un proyecto que hoy se conoce como LOMI 10. Fue viéndola trabajar desde cero y allí encontró su verdadera inspiración.

“Tenía un sueldo y con eso me compré un autito que era horrendo, ¡hasta lo escondía!”, recuerda entre risas. Durante esos años, Galdino eligió el sacrificio por encima del ocio. Mientras sus amigos disfrutaban de la juventud, él se enfocaba en su meta. “Me perdí de muchísimas cosas porque a mi edad no era normal trabajar así, todo el mundo estaba farreando, pero yo me enfoqué en lo que quería hacer”, confiesa.

De la frustración al volante: un alto en el camino

El camino del emprendedor rara vez es una línea recta, y el sueño de tener su propio negocio chocó varias veces contra la pared de la realidad. Intentó alquilando carritos lomiteros y ubicándolos frente a otros locales, pero los resultados no lo acompañaban. “Fracasaba porque no era el lugar ni la forma correcta de trabajar y tampoco me arriesgaba demasiado”, reflexiona con la madurez que dan los golpes.

Llegó un momento en que la frustración lo superó. Agotado, dejó la gastronomía y se refugió en su auto para trabajar como conductor de plataforma durante casi dos años. Sin embargo, el fuego interno seguía vivo. Un día decidió volver a intentarlo en el Abasto Central, haciendo préstamos y comprando un nuevo carro, pero el fracaso volvió a tocar a su puerta.

Fue en esa madrugada de decepción cuando su familia se convirtió en su red de contención. Sus padres decidieron utilizar sus propios ahorros para darle el empujón definitivo. “Me dijeron: ‘Vamos a arriesgar más grande, vamos a salir de la esquina a un local más caro’. Invertimos todo, como tenía que ser”, relata el joven. Ese fue el nacimiento de su actual emprendimiento, un negocio que, como él mismo dice, “nació de la frustración”.

El peso de liderar y el éxito del catupiry

Los primeros meses en el nuevo y amplio salón fueron de pura adrenalina. Los gastos de alquiler y el mantenimiento generaban un empate técnico en las finanzas, asustando a Galdino por sus experiencias pasadas. Pero, para finales del año 2024, la balanza se inclinó a su favor. “En diciembre nos dimos cuenta de que era algo que iba a flotar y pegar”, cuenta emocionado.

Hoy, el local abre de lunes a lunes, ofreciendo hamburguesas, lomitos, asaditos y 12 variedades de pizza, siendo la de “catupiry con pollo” la indiscutible estrella. El sabor y la calidad han hecho que los pedidos lleguen incluso hasta Fernando de la Mora.

Este rotundo éxito trajo consigo un desafío inesperado: convertirse en jefe a los 24 años. Actualmente, tiene a su cargo a cuatro personas —y más, dependiendo de la demanda—, una transición que le costó asimilar. “Es complicado. Toda mi vida trabajé como empleado o encargado, me mandaban. Ahora yo tenía que mandar. Mis papás me guían mucho y me dicen cómo manejar las situaciones”, admite con total sinceridad.

La visión de un emprendedor sin límites

Lejos de conformarse con que el negocio “ya marche sobre ruedas” y se pague solo, la mente de Galdino no descansa. Sus jornadas no tienen pausa, pero la satisfacción es inmensa. Cuando apaga las luces del local por la noche, sus pensamientos vuelan hacia el crecimiento.

“El siguiente sueño es que sea un poco más industrial y que se vuelva viral en algún momento. Ya tenemos la infraestructura para trabajar muchísimo más, pero estoy buscando la forma de entrar a las redes sin seguir la línea de todos, marcando la diferencia”, proyecta con seguridad. Aunque la idea de abrir sucursales está presente en su radar, su enfoque actual es explotar al cien por ciento su local en Loma Pytã antes de dar un nuevo salto.

A su corta edad, la historia de Galdino es un testimonio contundente del valor de la constancia: “Le digo a todos los emprendedores que intenten. Por más que las cosas no salgan bien al principio, no quiere decir que hayas fracasado. Hay que seguir intentando hasta que las cosas salgan como uno espera. Yo soy de los que creen que los sueños se cumplen; de tanto fracaso, ahora tengo un negocio exitoso”.

La palabra del día

Perseverancia

Definición: Firmeza y constancia en la manera de obrar, especialmente para alcanzar una meta.

Este concepto ilustra el espíritu de Galdino. Pese a tropezar con negocios fallidos, nunca abandonó su sueño original. Su historia demuestra que la constancia, sumada al respaldo familiar, es la clave para transformar los errores en un éxito rotundo.

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