Para Rodrigo Valdez, fundar Girolabs nunca se trató solo de rentabilidad. Su visión se ancló en el triple impacto, entendiendo a la empresa como un vehículo para generar transformaciones profundas. “Buscamos el beneficio económico, pero sin descuidar el medio ambiente y las personas”, reflexiona. En un sector que teme que la automatización reemplace al talento, él es optimista: la tecnología no es amenaza, sino la herramienta para potenciar capacidades humanas. Las empresas que adopten esta visión para mejorar sus comunidades serán las líderes del mañana.
El salto a la cuna de la innovación global
Llevar su empresa a California fue el paso natural para Girolabs. Consciente de que el mercado local quedaba chico, asumió el riesgo de instalarse en un polo ultracompetitivo de Estados Unidos. El desafío le confirmó algo vital: el talento paraguayo está a la altura de cualquier exigencia. “Hoy no importa desde dónde estemos trabajando, la tecnología no tiene fronteras”, afirma. Este ecosistema trajo inmensos aprendizajes por su respaldo legal y alta exigencia de calidad. “Están acostumbrados a recibir lo que pidieron, y si no es así, no pagan”, detalla. Para superar las dudas iniciales, su fórmula fue encontrar un nicho, confiar en sus conocimientos y animarse a competir de igual a igual, dejando atrás todo complejo de inferioridad.
De operador técnico a líder visionario
El camino al liderazgo exigió renuncias. Su pasión era picar código y dominar Python o Django, pero escalar la empresa exigió un cambio radical. “Fue como un proceso de duelo: renunciar a mi profesión de ingeniero informático, donde yo era el operario, para adoptar la del empresario”, confiesa Rodrigo, destacando que esos desafíos no se enseñan en las aulas. Aún así, ante la velocidad de la inteligencia artificial, defiende con firmeza la educación formal. Para él, la universidad otorga las bases para investigar y razonar. “Sin esas bases no vas a poder llegar lejos, porque se construye sobre algo mediocre”, advierte. Esos principios teóricos sólidos son los que permiten al profesional seguir aprendiendo toda la vida.
Conexión, naturaleza y el valor de las raíces
Quienes lo conocen destacan su gran espíritu aventurero. Al mudarse a la costa oeste, descubrió que Estados Unidos ofrece una inmensidad natural espectacular, rompiendo el mito del puro asfalto. Esto le permite mantener el equilibrio vital, salir a correr y conectar con la naturaleza a miles de kilómetros. Pese a la distancia, Paraguay sigue siendo el centro de su brújula. Su objetivo en Norteamérica es consolidar su presencia para servir de puente. “Esa es mi misión: darle la oportunidad a las personas para poder trabajar en proyectos de esta envergadura desde Paraguay”, señala con gran determinación.
Un mensaje para el futuro emprendedor
Al repasar sus doce años de trayectoria, Rodrigo sabe exactamente qué le diría a su versión más joven, aquella que recién escribía sus primeras líneas de código soñando en grande: “No te apures”. En un mundo obsesionado con el éxito inmediato, su historia demuestra que la verdadera trascendencia requiere paciencia. “Las cosas buenas no suceden rápido. En el día a día parece que uno no avanza, pero mirando para atrás te das cuenta de que cada pasito costó y sumó para llegar hasta donde estamos”, concluye. Una lección de perseverancia para las nuevas generaciones.
La palabra del día
“Propósito”
Definición: Determinación firme de hacer algo y el sentido profundo que motiva una acción.
El propósito es el motor central en la historia de Rodrigo. Al apostar por el triple impacto, entendió que la empresa debe ser un agente de cambio. Este sentido de misión fue su brújula para dar el salto de Paraguay a California, demostrando que cuando el talento local se acompaña de paciencia y bases sólidas, la tecnología se convierte en una herramienta global para potenciar vidas.


