La Tribuna que cambia el juego

Astrid y su sueño de divulgar la ciencia en cada rincón del país

Astrid Cáceres enfrentó la falta de recursos económicos trabajando en heladerías y fábricas de discos de empanadas. Logró estudiar en Rusia y hoy impulsa la divulgación científica en TikTok, convocando a miles a descubrir la magia del universo y la naturaleza desde la tierra guaraní.

| Por La Tribuna
Astrid Cáceres, ingeniera ambiental y divulgadora científica paraguaya. Su característica sonrisa refleja la pasión y la cercanía con la que lleva el conocimiento a miles de personas a través de las redes sociales.

En la localidad de Yrybucuá, en San Pedro, Astrid Cáceres creció con una profunda vocación por el saber. Hija y hermana de docentes, heredó el deseo de explicar el mundo. Desde niña, su mirada se fijaba en los animales y en la naturaleza que la rodeaba, alimentando una curiosidad innata por descubrir los orígenes de la vida.

Sin recursos para costear una educación privada, el destino premió su constante esfuerzo. Obtuvo una beca para cursar sus últimos tres años de secundaria en el Centro Educativo Mbaracayú de la Fundación Moisés Bertoni. Esos años definieron su vocación y marcaron un viaje sin retorno hacia las ciencias.

El precio del conocimiento: empanadas, helados y una cámara

El camino universitario demandó enormes sacrificios. Astrid ingresó a Ingeniería Ambiental en la Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo (UNVES). Trabajó incansablemente en lugares como una heladería o en una fábrica de discos de empanadas para sostener sus estudios. Su vida cambió al ganar una cámara fotográfica en un concurso de planes de negocio. Con la audacia que la caracteriza arrancó a trabajar como fotógrafa y así logró financiar el resto de su carrera.

Su excelencia académica le abrió las puertas de Rusia, donde consiguió una beca de maestría en Gestión Ambiental. Enfrentando un clima extremo y el desafío de aprender el idioma, consolidó su formación antes de regresar a Paraguay para dedicarse a su carrera en organizaciones ambientales. Hoy ya como consultora independiente hasta trabaja para el extranjero de manera remota. Lo que le permite tener como base su natal Yrybucuá.

Heredera de la docencia en la era digital

Luego de varios años de trabajo en su área, el llamado de la sangre rural y la docencia seguían latentes. En enero del 2025, Astrid grabó su primer video de divulgación científica en redes sociales. El éxito fue abrumador, dándole un susto inicial. Sin embargo, transformó ese temor en combustible y consolidó su presencia constante en TikTok.

De forma autodidacta, aprendió a guionar y editar bajo una premisa inquebrantable: “Mis videos los debe entender desde un niño de 4 años hasta un abuelo de 100”. Fenómenos como la física del tatakua, la historia del tereré, los dinosaurios y medusas en Paraguay o la cosmovisión guaraní de los eclipses fascinaron a una enorme comunidad.

Un equipo para democratizar el saber

Lo que comenzó como un sueño individual se transformó en un movimiento colectivo. Astrid sumó a una amiga geóloga y hoy el equipo cuenta con siete divulgadores profesionales. Su primer taller infantil para identificar rocas en Ypacaraí fue un éxito rotundo, obligándolos a duplicar fechas al día siguiente. Ahora planifican más actividades y hasta un picnic científico en el cerro Yaguarón, donde mezclan geología, astronomía, con la cosmovisión guaraní en medio de la naturaleza y la mística del cerro.

Hoy, mientras trabajan en formalizar su organización, la mirada de Astrid apunta de regreso a sus raíces. Su máximo sueño es obtener los recursos para viajar con sus talleres a los colegios del interior y llevar respuestas donde antes solo había limitaciones. Quiere tenderle la mano a esas futuras “Astrids” que están listas para brillar, demostrando que la ciencia no es un privilegio de pocos, sino un fuego que, al compartirse, puede iluminar a todo un país.

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