El retorno a las raíces y el descubrimiento de una vocación
Rodrigo Velázquez nació en Piribebuy, migró a los 18 años a Asunción para formarse como licenciado en Artes Visuales en el Instituto Superior de Bellas Artes. Tras años de vivir en la capital y en Areguá, decidió regresar a su ciudad natal hace cuatro años. Esta decisión marcó un punto de inflexión en su carrera. “Me encanta la naturaleza”, confiesa, y es precisamente ese entorno tranquilo y verde el que hoy nutre su creatividad diaria.
Su camino en el arte no fue producto de la casualidad, sino de una semilla plantada a tiempo durante su juventud. La influencia no vino de una tradición familiar directa, sino de su entorno escolar. Fue su amigo y mentor, Enrique Escobar, quien introdujo el arte comunitario en su colegio a través de la danza, el teatro y las artes visuales. Las visitas de grandes referentes, como la ceramista Carolina Noguera, despertaron en un joven Rodrigo una curiosidad insaciable. Esas primeras experiencias sentaron las bases de su identidad visual y de su compromiso con la cultura.
La magia del linograbado: Paciencia, gubias y papel de algodón
Aunque el público general asocia el grabado casi exclusivamente con la madera, Velázquez ha perfeccionado y elegido como lenguaje principal la técnica de la linografía o linograbado. Se trata de un proceso minucioso que requiere tanto fuerza física como una precisión quirúrgica en las manos. Este proceso demanda una gran concentración, ya que un solo error con la herramienta puede arruinar semanas de esfuerzo y planificación.
A diferencia de los procesos de impresión industrial, la obra de Velázquez conserva la calidez íntima de lo artesanal. Cada impresión es única, llevando consigo la huella irrepetible del trabajo humano. La estampa se realiza de manera totalmente manual, ejerciendo presión con una cuchara sobre un delicado papel 100% de algodón. Los tiempos de producción reflejan la profunda dedicación que exige esta disciplina; tallar una matriz de gran formato puede tomarle un mes entero debido a su complejidad, mientras que la impresión de cada estampa le requiere al menos dos horas de trabajo ininterrumpido.
Fauna chaqueña: Un registro místico para la conservación
La temática central y el corazón de la obra de Rodrigo es la vasta y rica biodiversidad del Paraguay. Este enfoque particular nació durante su primera etapa profesional como fotógrafo, cuando trabajaba codo a codo con el antropólogo y fotógrafo Luis Vera. Los constantes viajes a las comunidades indígenas del Chaco paraguayo lo hicieron enamorarse profundamente de su territorio, su mística y su vida silvestre. El Chaco, con su inmensidad agreste y sus contrastes marcados, se transformó rápidamente en su musa principal.
Su amplio portafolio incluye colecciones dedicadas exclusivamente a las aves del Paraguay, los pequeños seres del Chaco, y una fascinación particular por los armadillos o “tatú bolita”, animales que se han convertido en uno de sus sellos de identidad. A estos se suman yaguaretés, felinos, peces, abejas, artrópodos y mariposas. Sin embargo, su obra no busca un hiperrealismo documental o puramente científico, sino lo que él define de manera poética como una “representación mística de los animales”.
Para Rodrigo, registrar visualmente a esta fauna es una forma de visibilizar lo que estamos perdiendo y lo que está en riesgo latente de desaparecer, pero decide hacerlo desde una filosofía de esperanza, amor y apreciación estética. “Yo soy del pensamiento de que si uno crea belleza, de alguna manera crea más belleza”, afirma con convicción.
Vivir del arte: autogestión y un mensaje para el futuro
Hace ya una década que vive de manera profesional y exclusiva del arte. Su modelo de vida combina la venta de sus piezas a través de galerías tradicionales con una fuerte y exitosa autogestión en redes sociales, complementado esto con el dictado frecuente de talleres de grabado.
“Hay que derrotar un poco esas creencias de que no se puede vivir del arte. Que se preparen, que lean, que trabajen y tengan mucho cuerpo de obra, porque es lo que te representa como artista”.
Desde la tranquilidad de su hogar en Piribebuy, Rodrigo Velázquez sigue tallando pacientemente, línea por línea, un legado cultural y ambiental imborrable. Su invaluable obra nos recuerda que la conservación de nuestra biodiversidad también puede ser, en su estado más puro y noble, un acto de profunda belleza artística que trasciende el tiempo.
La palabra del día
Huella
Definición: Rastro, seña o impresión profunda que deja una persona, animal o cosa en un lugar o en el tiempo.
El concepto de huella encapsula perfectamente el propósito artístico y ambiental que propone Rodrigo Velázquez. La suma del tallado sobre la matriz más la presión sobre el papel no solo da como resultado una estampa hermosa, sino que se multiplica en un registro vivo de nuestra fauna chaqueña, mayor concientización sobre la naturaleza y, en última instancia, un legado cultural invaluable para el país.


