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Elvis Agüero: el joven matemático que brilla en la ciencia global

De las madrugadas en la Terminal de Ciudad del Este a la prestigiosa Universidad de Brown y el CERN en Suiza. Elvis Agüero es un brillante científico paraguayo de 27 años que, impulsado por una enorme pasión por la matemática y el sacrificio de su familia, hoy conquista la cúspide de la ciencia.

| Por La Tribuna
De medallista a mentor: con la Albirroja puesta y la bandera en alto, Elvis Agüero acompaña a la nueva generación de talentos paraguayos durante la Olimpiada Mundial de Matemáticas en Oslo, Noruega (2022).

La historia de Elvis Agüero comienza en el barrio Obrero de Ciudad del Este, en una familia trabajadora que emigró desde Caacupé en los años ochenta. Sus padres se aseguraron de que no faltara el pan en la mesa y le inculcaron el incalculable valor del estudio. Su padre, un hombre de profunda convicción, trabajaba como guardia de seguridad, pero su deseo de superación lo llevó a estudiar Derecho en la Universidad Nacional del Este. Con gran esfuerzo, se graduó con honores y se convirtió en profesor. Ese imponente ejemplo de tenacidad forjó el carácter de Elvis, un joven que pronto se revelaría como una de las mentes más brillantes de Paraguay.

El interés de Elvis por los números despertó en el sexto grado con las Olimpiadas de Matemáticas. Los desafíos lógicos encendieron una pasión que exigiría sacrificios extraordinarios. Desde los once años, cada viernes se levantaba a la una de la madrugada para viajar a Asunción, un trayecto agotador que realizaba solo para recibir clases avanzadas.

Ese compromiso dio frutos rápidamente con reconocimientos internacionales: oro en la Olimpiada Sudamericana “Mayo”, preseas en la Iberoamericana y el codiciado bronce en la Olimpiada Internacional de Matemáticas en Tailandia (2015) y Hong Kong (2016). Su talento, además, es compartido, ya que su hermana menor siguió sus pasos y es la mujer con más medallas de oro de Alto Paraná.

Su excepcional capacidad lo llevó a cruzar fronteras cuando la mayoría apenas terminaba la secundaria. A los 17 años, Elvis ingresó al Instituto de Matemática Pura y Aplicada (IMPA), en Brasil, para cursar una Maestría en Matemáticas Aplicadas. Allí ocurrió un hecho fascinante: con apenas 19 años y vistiendo orgullosamente la remera de Paraguay, fue monitor de la clase de Análisis Funcional, enseñando bases de la mecánica cuántica a estudiantes de doctorado.

Tras recibir su maestría a esa misma edad, continuó su indetenible formación en la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (Unila), graduándose con honores como ingeniero físico.

Su trayectoria es un viaje alucinante desde el Puente de la Amistad hasta la ciencia global. Recientemente, su talento lo llevó a Suiza como interno en el Centro Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), optimizando códigos que ahorraron el 90% del tiempo computacional. Hoy, a sus 27 años recién cumplidos —una edad que sus amigos celebran deseándole infinitos “números primos” en su vida, aunque el 27 admita factorización no trivial—, Elvis cursa un Doctorado en Ciencias de Fluidos y Térmicas en la Universidad de Brown, una institución de la exclusiva Ivy League de Estados Unidos.

Al explicar su labor de forma sencilla, Elvis demuestra una gran claridad analítica. Resuelve problemas prácticos con ingeniería y computación, creando simulaciones complejas de situaciones difíciles de replicar en la vida real.

Sus aplicaciones van desde predecir la eficiencia de una hidroeléctrica de la magnitud de Itaipú hasta diseñar microrobots que se mueven sobre el agua. Se define a sí mismo como una mente versátil, capaz de construir soluciones integrales para casi cualquier problemática.

Pero su genialidad trasciende los laboratorios; evidencia un fuerte compromiso social. Ha dedicado más de mil horas de voluntariado en Omapa, entrenando a futuras generaciones de olímpicos. Además, utilizó sus habilidades en programación auditando miles de contratos para analizar el gasto público en salud durante la pandemia, y colaboró activamente con organizaciones para democratizar la educación científica.

Aunque planea terminar su doctorado en dos años y continuar en la ciencia en Europa o Norteamérica buscando las mejores condiciones de investigación, Elvis mantiene vivo su arraigo. Para él, conocer gente apasionada por la ciencia y ver el impacto de la infraestructura adecuada ha sido su mayor inspiración.

Sin embargo, su mensaje para los jóvenes que sueñan con estudiar afuera es un rotundo llamado colectivo: “Que trabajemos todos juntos por un Paraguay mejor. Cada uno da su granito de arena, todos juntos tenemos que cambiar la educación, la salud y el bienestar. Hagamos patria exigiéndoles a nuestros gobernantes y construyendo algo a futuro”.

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