Su historia no es la típica de la niña que soñaba con microscopios. La vocación de la doctora Patricia Langjahr, investigadora Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (Sisni), no llegó con una inspiración en la infancia, sino que fue un descubrimiento gradual.
En el colegio, su curiosidad por la biología y la química se manifestaba en el deseo de entender de qué estaban hechas las cosas. Pero fue en las aulas de Bioquímica en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) donde el camino tomó forma.
El recuerdo de su profesor, el doctor Díaz Gil, quien los motivó a estudiar con un libro de inmunología en inglés, marcó un antes y un después. Ese texto le abrió las puertas a un mundo fascinante que terminaría de explorar en Chile, donde a principios de los 2000 cursó maestría y doctorado. Allí, bajo la guía de mujeres tutoras que la inspiraron profundamente, descubrió su verdadera pasión: la investigación científica.
Langjahr hace hincapié en que este recorrido demuestra que el amor por la ciencia puede nacer a cualquier edad, un mensaje poderoso que se transmite a las nuevas generaciones. Actualmente, observa con orgullo a los jóvenes investigadores paraguayos, destacando su compromiso y pasión. En su laboratorio, las solicitudes de pasantías abundan, reflejando una juventud ansiosa por aportar al país. Para ella, guiar a estos talentos es fundamental, ya que está convencida de que un profesional motivado y realizado es un joven feliz, capaz de transformar su entorno y contribuir firmemente al desarrollo de una educación de excelencia.
Ese compromiso se materializa hoy en su rol como líder del proyecto multicéntrico “Red de investigación en inflamación” (NRI), financiado por el Conacyt. Desde la Facultad de Ciencias Químicas de la UNA, en asociación con la Facultad de Ciencias Médicas, coordina a más de dieciocho investigadores nacionales e internacionales. El proyecto es pionero: busca entender la inflamación crónica en enfermedades autoinmunes e infecciosas, como las hepatitis virales.
Langjahr explica que la genética y el ambiente de la población latinoamericana difieren de los del hemisferio norte, donde se concentra la mayor investigación mundial. Generar datos locales sobre células y proteínas inflamatorias es una herramienta crucial para la salud pública.
Esta información permitirá priorizar tratamientos y comprender complicaciones específicas de nuestro entorno, además de dejar capacidades tecnológicas de vanguardia instaladas en el país, como cultivos celulares y proteómica, formando capital humano que la industria biotecnológica y farmacéutica local demanda cada vez más.
Este gran paso es fruto de más de una década de trabajo riguroso. Su grupo de investigación ha abordado desde biomarcadores en celiaquía hasta la respuesta de anticuerpos durante la pandemia de covid-19. Uno de sus mayores orgullos recientes, publicado en la prestigiosa revista internacional PLoS One, fue comprobar científicamente el potente efecto antiinflamatorio del tapeque, una planta medicinal de uso popular en Paraguay para el asma.
Alcanzar el Nivel II del Sisni representa, en sus palabras, un verdadero privilegio. Ser investigadora en un país con pocas plazas y recursos conlleva una enorme responsabilidad: hacer las cosas bien y luchar para que el ecosistema científico crezca, porque el desarrollo de la ciencia es innegociable para que el país alcance un verdadero progreso tecnológico y económico.
Como profesional joven que ha forjado su vida en torno a los laboratorios, Langjahr conoce los desafíos de las áreas STEM en Paraguay, donde aún persisten brechas de género. Sin embargo, su mensaje para las niñas que sienten temor ante este mundo es inspirador: la ciencia es un ámbito desafiante, pero profundamente gratificante. Les aconseja buscar aquello que les apasione, arriesgarse y perder el miedo a equivocarse, recordando que siempre existen segundas oportunidades.
Su sueño a corto plazo es seguir generando conocimiento que solucione problemas reales y mejore la calidad de vida de todos. Patricia Langjahr no solo investiga el sistema de defensa del cuerpo humano, ella misma se ha convertido en una incansable defensora del potencial científico de Paraguay, demostrando que apostar por la ciencia es apostar con convicción por el futuro de toda la sociedad.


