Jazmín Chamorro ha logrado consolidar un emprendimiento que desafía las estadísticas. Junto a su pareja, Marcelo Reyes, de 30 años, hoy maneja una lomitería en Fernando de la Mora, Zona Sur, pero llegar hasta este local con capacidad para 60 comensales no fue un camino de suerte, sino de una visión clara que comenzó mucho antes de que el mundo se detuviera por la crisis sanitaria.
La historia de Jazmín en el rubro gastronómico se remonta a hace seis años, en los tiempos previos a la pandemia. En aquel entonces, una Jazmín adolescente ya mostraba su madera de emprendedora vendiendo bolitas de mandioca y papas fritas. Lo hacía al costado del negocio de su hermano, quien vendía asaditos en la ciudad de San Lorenzo. Ese contacto inicial con el servicio al cliente y el manejo de los alimentos fue la semilla de lo que vendría después.
Sin embargo, el verdadero punto de inflexión llegó con la incertidumbre del año 2020. Cuando la pandemia paralizó la economía, Jazmín y Marcelo recibieron el aporte estatal denominado Pytyvõ. Mientras muchos utilizaron ese recurso para el consumo inmediato, ella vio una oportunidad de inversión. Con ese dinero compró hamburguesas y decidió independizarse, instalando un pequeño puesto en la vereda de su casa. El éxito fue inmediato, pero el contexto exigía algo más que buen sabor.
Con los locales cerrados y la gente confinada, Jazmín entendió que el futuro inmediato estaba en las pantallas. Se volcó por completo a las redes sociales, utilizándolas como su principal vitrina para ofrecer servicios de delivery. Esta estrategia no solo le permitió sobrevivir a la crisis, sino que cimentó una base de clientes fieles que buscaban calidad y rapidez. Al terminar la pandemia, el negocio ya no cabía en una vereda. El crecimiento fue gradual pero constante. Primero construyeron un techo frente a la casa de Marcelo para dar más comodidad a los clientes, luego alquilaron un local pequeño y, finalmente, dieron el gran salto al local actual en Fernando de la Mora, Zona Sur.
Hoy, el emprendimiento ha escalado a tal nivel que Jazmín se ha convertido en generadora de empleo, teniendo bajo su mando a seis personas, incluyendo cocineros, una cajera y una contadora profesional que organiza los números de la empresa. La expansión no se limitó a cuatro paredes. Hace dos años, la pareja decidió diversificar y compraron una combi, la cual estacionaban estratégicamente sobre la avenida Eusebio Ayala para ofrecer sus hamburguesas a quienes transitan por esa arteria vital.
Este movimiento les abrió las puertas al mundo de los eventos sociales. Entre semana y fines de semana, su servicio de lomitos, hamburguesas, churrasquitos y papas fritas es requerido para fiestas y reuniones, acumulando más de 120 eventos realizados con éxito en los últimos dos años. Detrás de este crecimiento exponencial existe un secreto que Jazmín no duda en compartir: la formación profesional. Ella se define como una emprendedora nata, pero subraya que el entusiasmo no es suficiente si no va acompañado de conocimiento. Jazmín es una alumna prolífica del Servicio Nacional de Promoción Profesional (SNPP), donde ha cursado prácticamente todo lo relacionado con su rubro. Desde gastronomía, confitería y panadería, hasta cursos específicos de lomitería para entender los secretos de la plancha y el punto exacto de la carne.
Pero su visión fue más allá de la cocina; también se capacitó en marketing y emprendedurismo para saber cómo vender su producto y gestionar su marca. Recientemente terminó el curso de bartender, con la meta de agregar un servicio de tragos y coctelería a su local, ampliando así su oferta comercial. Esta joven madre, que además cría a su pequeña hija mientras supervisa el negocio, reconoce que el camino es sacrificado. Su rutina incluía asistir a clases por la tarde para luego trabajar en la plancha hasta altas horas de la madrugada.
El apoyo de las instituciones públicas ha sido fundamental en este proceso. Además de la formación gratuita y técnica recibida en el SNPP, Jazmín logró acceder a créditos estatales diseñados para emprendedores, lo que le permitió realizar inversiones importantes.
Con mucha emoción, cuenta que gracias a esos recursos hoy tiene la cocina de sus sueños, equipada totalmente con acero inoxidable, cumpliendo con los más altos estándares de higiene y eficiencia.
Aunque admite que todavía le cuesta delegar tareas por el miedo a que no se mantenga su toque personal, está aprendiendo a confiar en su equipo porque su meta es seguir creciendo y abrir nuevas sucursales. El sueño de la casa propia también está en marcha, con una construcción activa en la ciudad de Itauguá.
Jazmín Chamorro es el reflejo de una nueva generación de paraguayos que entiende que la clave del éxito está en la combinación de valentía, acceso a herramientas financieras y, sobre todo, una capacitación constante que permita profesionalizar los sueños. Su mensaje para otros jóvenes es claro: no basta con animarse, hay que prepararse para cuando las oportunidades lleguen.


