La resiliencia humana tiene la inmensa capacidad de transformar las adversidades más crudas en un motor inagotable de empatía. Esta es la premisa que define la vida de Ina Delgado, una mujer que forjó su destino desde la extrema pobreza en su amada San Juan Misiones hasta convertirse en un faro de esperanza para cientos de pacientes oncológicas en el Paraguay. Su historia no es solo la de una peluquera exitosa, sino la de una sobreviviente que encontró en la profunda gratitud su verdadera misión de vida: confeccionar y donar pelucas a todas aquellas valientes mujeres y niñas que luchan a diario contra el cáncer.
El inicio de su travesía estuvo marcado por la profunda necesidad. Creció bajo el cuidado de su abuela, enfrentando días en los que el alimento era un lujo inalcanzable, mientras su madre trabajaba como empleada doméstica en Asunción. A los 16 años, siendo ya madre de una niña, Ina llegó a la capital buscando un sustento para ambas. Comenzó limpiando en una casa de familia y, poco tiempo después, la vida le ofreció un giro. La dueña de una peluquería le propuso trabajar limpiando y sirviendo café. Sin haber terminado la secundaria y sin dominar plenamente el castellano en aquel entonces, Ina aceptó con gran determinación. Sus primeros años en la peluquería los vivió durmiendo en una pequeña pieza y utilizando simples cajas de cartón de un supermercado cercano como ropero. Sin embargo, lejos de lamentarse, ella atesora todos esos recuerdos en su corazón como valiosas lecciones de inmensa humildad.
Con el tiempo, su enorme curiosidad y perseverancia la llevaron a aprender el oficio. Tras dos años de insistencia, hasta independizarse hace aproximadamente tres décadas, el camino de Ina fue un constante y hermoso aprendizaje. Ya en su propio salón, notó una dolorosa realidad: muchas mujeres con pérdida de cabello por diversas condiciones se probaban sus hermosas pelucas, se veían radiantes en el espejo, pero debían marcharse con las manos vacías por no tener cómo pagarlas. Fue entonces cuando la empatía se hizo acción directa. Hace más de veinte años, Ina entregó su primera peluca solidaria a una mujer que no tenía los recursos monetarios para adquirirla. El impacto de ese noble gesto fue tan profundo que, décadas después, la hija de aquella mujer la reconoció para agradecerle profundamente por la inmensa felicidad y paz que le brindó a su madre en sus momentos más oscuros.
Ese primer acto de amor fue el germen de lo que hoy es la Fundación Ina Style, formalmente constituida en el 2021. La motivación de Ina tiene raíces muy personales; vivió de cerca el flagelo del cáncer cuando la terrible enfermedad se llevó a su abuela y también afectó duramente a su madre. Ver de cerca el dolor inmenso de la pérdida del cabello provocado por los tratamientos de quimioterapia, un golpe totalmente devastador para el alma femenina, la impulsó a dedicar su innegable talento a mitigar ese sufrimiento. Hoy en día, la demanda diaria es inmensa. Lo que empezó como simples donaciones esporádicas se ha convertido a lo largo de los años en una gran obra comunitaria. Anualmente, dona entre 100 y 120 pelucas, enviando encomiendas al Chaco, Encarnación y Ciudad del Este. Esta labor es financiada casi en su totalidad por las ganancias de su peluquería, que logra gracias a la fidelidad de sus clientes, a quienes considera vitales para esta iniciativa solidaria.
El proceso de creación de cada peluca es un trabajo minucioso y lleno de afecto que involucra a cuatro personas dedicadas a su selección, fabricación y terminaciones estéticas. La materia prima siempre proviene de la enorme solidaridad ciudadana. Cabellos de un mínimo de 25 centímetros llegan constantemente desde todos los rincones del territorio. Conscientes de la necesidad de fomentar esta cultura del dar, la fundación instauró el Día Nacional de la Donación de Cabello, celebrado cada 15 de febrero, efectuando emotivas entregas en hospitales como el INCAN, el IPS, Barrio Obrero, Clínicas y Acosta Ñu. Las donaciones a niñas pequeñas representan para Ina instantes de altísima sensibilidad y puro amor que reafirman su entrega absoluta. Su sueño jamás se detiene. Con inmensa esperanza, busca expandir el alcance de su fundación para brindar vital apoyo psicológico integral. No planea parar nunca de devolverles la sonrisa y la calidad de vida.


