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Colectivo Guara: participación y diseño para transformar la ciudad

El Colectivo Guara redefine el desarrollo urbano en Paraguay. Profesionales y estudiantes se unen para transformar territorios vulnerables como el Banco San Miguel, impulsando el derecho a la ciudad mediante la producción social del hábitat, la participación comunitaria y la arquitectura consciente.

| Por La Tribuna
Planificación participativa en el territorio. Integrantes del Colectivo Guara y vecinos del barrio dialogan sobre los futuros proyectos de hábitat. Construyendo ciudad desde la base.

Asunción, como muchas de las grandes urbes latinoamericanas, es una ciudad atravesada por profundos contrastes. Mientras el capital inmobiliario expande su huella de hormigón hacia el cielo, en los márgenes y bañados de la capital paraguaya florece una resistencia silenciosa basada en la empatía, el diseño consciente y la acción comunitaria directa.

Es exactamente en este escenario de desigualdad donde nace y trabaja el Colectivo Guara, un grupo multidisciplinario que desde el año 2018 viene demostrando en la práctica que la arquitectura, el diseño y las ciencias sociales no solo sirven para levantar paredes, sino, por sobre todo, para dignificar vidas y reconstruir sociedades.

“Guara es en realidad el sistema de los guaraníes, un sistema sociopolítico, cultural, territorial por sobre todo. No es que los guaraníes andaban sin rumbo, sino que tenían un territorio definido con una forma, una organización de vida”. Esta reflexión, nacida desde el corazón de la organización, no es un mero dato histórico; es una declaración de principios. Para el colectivo, ese es el norte: apuntar a esa organización integral, a ese guara, en cada territorio vulnerado que pisan.

La historia de este colectivo comenzó como un espacio de profunda reflexión y acción entre estudiantes, profesionales y militantes urbanos unidos por el propósito de transformar los territorios que habitamos. Hoy operan como un dinámico ecosistema de saberes.

Sus filas integran a profesionales y estudiantes de arquitectura, trabajo social, psicología social y comunitaria. Esta mirada multidisciplinaria es necesaria porque entienden que la exclusión urbana no se soluciona únicamente con ladrillos. Por ello, mantienen una invitación abierta permanente a que más disciplinas se sumen a repensar los espacios vulnerables.

Actualmente, su principal foco de incidencia es la comunidad de San Miguel Guerrero, ubicada en la zona del Banco San Miguel. Allí, la organización no impone soluciones desde un escritorio; al contrario, acompaña activamente el desarrollo comunitario junto a la comisión vecinal. En este territorio, el trabajo es sumamente tangible. Han diseñado de manera participativa proyectos de viviendas en palafito, una respuesta directa y respetuosa ante las inundaciones cíclicas del río Paraguay.

A la par de esto, desarrollan el proyecto de un salón comunitario sobreelevado, diseñado íntegramente con la comunidad, no solo para ella. Y mientras se busca la materialización de las obras mayores, sostienen la vida barrial mediante colonias de vacaciones y refuerzo escolar continuo.

Este historial de compromiso en el Banco San Miguel se suma a proyectos anteriores de vital importancia, como el detallado mapeo comunitario realizado en Remansito y la asistencia destinada a ollas populares y comedores durante los tiempos de mayor apremio económico en los bañados.

Uno de los logros más destacables del colectivo es haber construido un puente entre la crudeza de los territorios vulnerables y el rigor de la academia. Guara mantiene convenios con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte (FADA) de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). A través de materias optativas como Derecho a la Ciudad y Vivienda Cooperativa, siembran una semilla invaluable: la formación de futuros profesionales con una innegable sensibilidad social y un firme compromiso por el rescate de la arquitectura vernácula guaraní.

El objetivo a largo plazo no es crear una dependencia perpetua de las comunidades hacia el colectivo. La meta suprema es el empoderamiento absoluto. La hoja de ruta apunta a materializar los proyectos habitacionales hoy diseñados de manera conjunta.

Creer que con reflexión crítica, ideas, acciones y alianzas se puede hacer del derecho a la ciudad una realidad para todos es su punto de partida. En un país donde históricamente los sectores vulnerables han sido marginados o postergados por el desarrollo tradicional, el trabajo incansable de organizaciones como el Colectivo Guara se erige como un faro de dignidad.

Con convicción y trabajo de campo, nos demuestran cada día que una ciudad más justa no es una utopía inalcanzable, sino una realidad palpable que se construye, codo a codo y pie en la tierra, desde las raíces mismas de las comunidades.

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