El paisaje cotidiano del centro de Asunción está perdiendo su voz. Entre el ruido del tráfico y la urgencia de la modernidad, decenas de casonas de estilo italianizante y fachadas de la época de los López se desmoronan en silencio, destinadas a convertirse en fríos estacionamientos o tiendas de conveniencia. Sin embargo, para Chebo González, un joven arquitecto e ilustrador paraguayo, estas ruinas no son escombros, sino fragmentos vivos de una identidad que se niega a desaparecer. Su proyecto, bautizado como “Color al hábitat”, es un grito de alerta envuelto en pigmentos digitales, una apuesta por la memoria que nació de la impotencia y el pedal.
Graduado de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Nacional de Asunción (FADA-UNA), Chebo creció rodeado de planos y sensibilidad patrimonial; su madre, también arquitecta, le heredó el respeto por las huellas del pasado. Pero fue su faceta de ciclista la que terminó por definir su mirada. Al recorrer la ciudad a una velocidad humana, lejos del aislamiento del automóvil, González comenzó a notar que el esplendor histórico de la capital no se agota en la Catedral o la calle Palma. Existe una “arquitectura invisible” de viviendas y residencias señoriales que, a pesar de su valor estético y cultural, languidecen en el abandono absoluto.
La chispa se encendió en febrero de este año. Ante la visión de un centro “muerto” y vacío de actividades, Chebo decidió pasar a la acción. Armado con su cámara y su bicicleta, se impuso la tarea de mapear el olvido. El proceso fue exhaustivo: recorrió cada cuadra, cada vereda y cada rincón del centro histórico y sus alrededores. El resultado inicial fue una abrumadora colección de 3.000 fotografías que documentaban el estado de desidia de la ciudad. Tras un primer filtrado, se enfocó en el barrio de La Encarnación, donde identificó 360 obras en mal estado, seleccionando 60 de ellas para iniciar esta primera etapa de rescate visual.
La técnica de “Color al hábitat” es un puente entre lo técnico y lo artístico. Sobre las fotografías de las fachadas derruidas, Chebo realiza un calcado digital minucioso utilizando herramientas como AutoCAD e Illustrator. Luego, interviene la realidad: mediante el uso de colores fuertes y saturados, el arquitecto “reconstruye” digitalmente la obra, la ambienta y la equipa, devolviéndole el brillo que alguna vez tuvo. El uso de estos colores no es azaroso, busca visibilizar lo que hoy es gris, atraer la mirada del transeúnte distraído y mostrarle el potencial latente que se esconde detrás del revoque caído y la vegetación que trepa por las grietas.
Estas casas, muchas de ellas con influencias rioplatenses y fachadas de “tapa” que reemplazaron a las tradicionales galerías coloniales, representan un eslabón perdido en la evolución urbana de Paraguay. Para el joven arquitecto de Lambaré, este proyecto es, ante todo, un ejercicio de memoria. Aunque su anhelo ideal es que algún propietario se inspire al ver sus ilustraciones y decida iniciar una restauración real, su objetivo inmediato es asegurar que estas obras permanezcan en el imaginario colectivo.
Chebo González no solo dibuja edificios, dibuja la posibilidad de una ciudad distinta, una donde el patrimonio y la movilidad sostenible —representada por su inseparable bicicleta— convivan en armonía. “Color al hábitat” es un recordatorio de que, mientras haya alguien dispuesto a mirar con atención y a ponerle color a las sombras, la historia de Asunción todavía tiene una oportunidad de ser salvada del derrumbe. La meta son 60 ilustraciones para esta serie, pero el sueño es mucho más grande: que la ciudad deje de ser un cementerio de fachadas para volver a ser un hogar con historia.


