La Tribuna que cambia el juego

Articulación Pykui: La unión de las ollas que conquistó la dignidad social

En el interior de los bañados y asentamientos paraguayos, la Articulación Pykui ha transformado el acto de cocinar en una gesta política y humana. Lo que nació como una respuesta desesperada al hambre durante la pandemia de 2020, hoy es una red jurídica y solidaria que conquistó una ley, desafiando las adversidades con organización, amor comunitario y una resistencia indomable liderada por mujeres.

| Por La Tribuna
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Mujeres sostienen el servicio comunitario de la Red Pykui que significa “caminar juntas hacia un objetivo común”, una filosofía que mantienen viva desde el 2020.

La historia de la Articulación Pykui se escribe con el humo de la leña y el sonido del hervor en ollas gigantes que alimentan sueños. Todo comenzó en marzo de 2020, cuando el mundo se detuvo por el covid-19 y el silencio de las calles fue roto por el rugido del hambre en los sectores más vulnerables. En territorios como el Bañado Norte y Sur, Mariano Roque Alonso, Villeta y Remansito, las familias —muchas de ellas expulsadas del campo y hacinadas en la periferia— se vieron frente a un abismo: si no salían a trabajar no comían, pero salir estaba prohibido.

Fue entonces cuando las mujeres, guardianas históricas de la vida, encendieron los fogones. Cira Novara, educadora popular, psicóloga y referente de esta red, recuerda que el inicio fue una respuesta de emergencia: “Nos constituimos como una red de ollas ante la situación crítica”. Lo que no sabían en aquel entonces es que ese fuego inicial se convertiría en una estructura inamovible de lucha por el derecho a la alimentación.

Pykui hoy agrupa a 22 comedores articulados que alimentan a casi 3.000 personas por día. Pero su logro más trascendental no está solo en los platos servidos, sino en la capacidad de haber llevado el reclamo de los márgenes al centro del Poder Legislativo. En conjunto con las organizaciones de ollas populares, fueron el motor que impulsó y conquistó la Ley 6.603 de ollas populares durante la emergencia, y posteriormente la Ley 6.945 de comedores y centros comunitarios en 2022. Esta última no es solo un papel; es el reconocimiento estatal de que el hambre es una cuestión de derechos humanos y no de caridad.

Detrás de cada plato de vori-vori o guiso, hay un rostro femenino. Pykui es, en su esencia, una fuerza de mujeres. “Son mujeres de las comunidades, de los asentamientos... ellas salen a reciclar, salen a vender productos de manera individual, y después vienen a cocinar por un compromiso social”, explica Novara. Es un trabajo voluntario que desafía la lógica del mercado: mujeres que tienen poco, dándolo todo para que nadie se quede con el estómago vacío. Solo un comedor de la red está encabezado por varones; el resto es un ejército de delantales que sostiene la paz social de un país que a veces parece olvidarlas.

Sin embargo, la ley aprobada no significó el fin de las penurias. La lucha actual es contra la insuficiencia. El Estado, a través del Ministerio de Desarrollo Social, provee productos secos —arroz, fideos, porotos—. Pero una comida digna exige más. “Nosotras tenemos que poner la contrapartida de carne, verduras, huevo, queso, leña, carbón y nuestra fuerza de trabajo”, relata Cira. Cada encendido de olla implica un costo de más de 200.000 guaraníes que las comunidades deben autogestionar. Por eso, el ingenio se vuelve supervivencia: han creado una empresa social y solidaria de catering. Las cocineras de Pykui ahora ofrecen sus delicias —bocaditos, comidas típicas y servicios profesionales— para financiar la red y generar un pequeño ingreso para ellas mismas, donde el 80% de lo recaudado va directo al bolsillo de la trabajadora.

Mantenerse vigentes seis años después de aquel inicio pandémico ha sido un desafío gigante. La red ha tenido que formalizarse, obtener RUC, personería jurídica y contratar contadores para cumplir con las exigencias legales, todo mientras sus integrantes siguen siendo voluntarias. No es solo comida lo que ofrecen; en los espacios de Pykui se habla de derecho al territorio, a la salud y a la educación. Han comprendido que el plato de comida es la puerta de entrada a la dignidad integral.

“Vamos a continuar creando estrategias”, afirma Novara con una determinación que no admite dudas. Pykui es la prueba viva de que la organización popular puede transformar la realidad. No son solo comedores; son centros de pensamiento crítico, de economía solidaria y de resistencia. Mientras haya una familia que no pueda cubrir sus necesidades básicas, allí estarán ellas, con el fuego encendido, demostrando que en Paraguay la solidaridad tiene nombre de mujer y sabor a lucha compartida. La red Pykui no solo llena estómagos; alimenta la esperanza de un país donde el pan sea, finalmente, un derecho de todos.

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