La Tribuna que cambia el juego

De nómada digital a la conquista de las cumbres más altas de Asia

Tras recorrer 128 países como fotógrafo y mochilero, el itaugüeño Favio Patiño transformó su estilo de vida errante en un puente para que otros paraguayos conquisten sus miedos. Hoy, lidera expediciones grupales que conectan historias humanas en destinos tan extremos como el Everest.

| Por La Tribuna
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Favio Patiño, con su infaltable camiseta albirroja, compartiendo y conectando culturas durante sus travesías por África.

A los 38 años, Favio Patiño carga en su mochila mucho más que cámaras y lentes; lleva la geografía de 128 naciones tatuada en la memoria. Este itaugüeño, profesor de inglés, entendió temprano que su oficina no tendría paredes. Durante años, financió su curiosidad cubriendo bodas alrededor del mundo, operando bajo la libertad del nómada digital mucho antes de que el término fuera una moda corporativa. Sin embargo, tras el aislamiento de la pandemia, la soledad del camino empezó a pedir una evolución.

A finales del 2022, mientras recorría el mapa junto a su amigo Gerardo Franco, nació una idea que buscaba romper con el turismo tradicional de paquetes rígidos y horarios militares: crear una agencia donde la improvisación y el vínculo humano fueran el verdadero destino.

Así nació un proyecto que no vende hoteles de lujo, sino experiencias compartidas. La premisa de Favio es clara y casi una advertencia: si las estructuras inamovibles rigen tu vida, estos viajes no son para vos. Aquí, el cambio de planes es parte del itinerario y la capacidad de asombro es el único requisito no negociable. En 2023, la visión se materializó con los primeros grupos hacia destinos exóticos como Islandia, Tailandia, Maldivas, India y Nepal.

Pero fue la expedición al Campo Base del Everest la que terminó por consolidar este sueño. Recientemente, un grupo heterogéneo de paraguayos se enfrentó a la inmensidad del Himalaya en una travesía de quince días, de los cuales once fueron de ascenso puro, desafiando el oxígeno escaso y las temperaturas gélidas para llevar la bandera tricolor a lo más alto.

Lo fascinante de esta aventura no es solo el paisaje, sino quiénes lo caminan. En esta última expedición, la jerarquía social desapareció bajo las capas térmicas. Una bancaria, un médico, un abogado, un granjero y hasta un plomero paraguayo residente en Nueva York compartieron la misma fatiga y el mismo mate frente a la montaña más alta del mundo. Aunque el rango de edad promedio oscila entre los 30 y 40 años, la brecha generacional se rompe con valientes de 25 y hasta una mujer de 60 años que actualmente se encuentra desafiando sus propios límites en la ruta. En ese ecosistema de esfuerzo, la amistad y el compañerismo florecen de manera natural, convirtiendo a desconocidos en una familia temporal que se sostiene mutuamente cuando las piernas flaquean.

Favio, quien apostó por una vida diferente lejos de la seguridad de un escritorio, hoy contagia esa filosofía a sus compatriotas. Para él, viajar como mochilero le otorgó la resiliencia necesaria para gestionar la incertidumbre, una herramienta que ahora entrega a quienes se atreven a cruzar el océano con él.

La respuesta ha sido masiva: los cupos para las próximas expediciones a Sri Lanka en enero, Maldivas en febrero y el regreso al Everest en abril ya están agotados. El fenómeno es tal que el 90% de los viajeros son paraguayos, tanto residentes en el país como integrantes de la diáspora que buscan reencontrarse con sus raíces a través de una experiencia transformadora.

La historia de este itaugüeño es un testimonio de que el nomadismo no es solo un traslado físico, sino una apertura mental. Su emprendimiento se ha convertido en un laboratorio de autodescubrimiento donde la frase “las mejores cosas de la vida están del otro lado del miedo” deja de ser un eslogan de redes sociales para convertirse en una realidad palpable a metros de altura.

Favio Patiño no solo lleva paraguayos al Everest; les enseña que, después de años de caminar el mundo en solitario, no hay cima que se compare con la satisfacción de ver a otros conquistar sus propias montañas interiores. La aventura guaraní en el mundo apenas está comenzando, y el horizonte, para este fotógrafo que decidió vivir a su manera, parece no tener límites. Aquel joven que salió de Itauguá con una cámara hoy lidera una comunidad de valientes que entienden que la vida, más que ser planeada, debe ser valientemente vivida.

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