La Tribuna que cambia el juego

Sofía Amarilla: el arte de ver con el alma y transformar el mundo

Tras perder la visión a los 14 años, Sofía Amarilla convirtió la adversidad en un motor de cambio. De Capitán Meza a las pantallas y las redes, esta joven comunicadora y actriz paraguaya hoy impulsa una revolución educativa que busca derribar prejuicios y empoderar a las personas con discapacidad.

| Por La Tribuna
Sonrisa de libertad. Sofía cruza la meta en la carrera por la inclusión, un reflejo de su lema de vida de nunca rendirse ante la adversidad.

La vida de Sofía Amarilla cambió para siempre cuando apenas tenía 14 años. En Capitán Meza, la niña que ya saboreaba la independencia vio cómo su mundo se oscurecía físicamente, pero se iluminaba con una voluntad inquebrantable. Primero fue el ojo derecho, perdido por una cadena de negligencias; después, un accidente fortuito en una clase de ballet provocó el desprendimiento de retina en su ojo izquierdo, que apenas conservaba un 80% de funcionalidad. En ese instante, la oscuridad total se impuso, pero el espíritu de Sofía se negó a apagarse.

Ante la falta de infraestructura para la rehabilitación en su pueblo natal, su madre, una docente que entendía que el conocimiento es la única herramienta de libertad, tomó la decisión más difícil: enviarla a Encarnación. Allí, en una pequeña habitación compartida con sus dos hermanas mayores, Sofía comenzó a reconstruir su identidad. El camino no fue amable. Tras recorrer varios colegios que le cerraron las puertas por miedo o desconocimiento, encontró en el centro educativo El Principito el enfoque inclusivo que necesitaba para graduarse.

Sin embargo, el verdadero desafío comenzó al cruzar el umbral de la universidad. Sofía se graduó como comunicadora en la Universidad Católica de Encarnación en el 2021, con la esperanza de que su título fuera su pasaporte a la independencia. Fue entonces cuando chocó de frente con la realidad de la adultez para una persona con discapacidad en Paraguay. Se enfrentó a más de veinte entrevistas de trabajo donde las preguntas no indagaban en su talento o formación, sino en el prejuicio: ¿Cómo vas a venir sola?, ¿cómo vas a moverte? La discriminación disfrazada de duda la llevó a un peregrinaje de trabajos temporales que no cubrían sus necesidades básicas.

Entendiendo que el sistema le daba la espalda por ignorancia, Sofía decidió que si no le daban un espacio, ella lo crearía. Empezó a ofrecer consultorías gratuitas en escuelas y colegios. Lo que nació como una labor voluntaria para concienciar sobre la discapacidad, pronto se transformó en su profesión. Su voz empezó a escucharse en fundaciones y entidades que buscaban una verdadera inclusión.

En abril del 2024, Sofía venció su propia timidez y desembarcó en las redes sociales. Lo que comenzó como un temor se convirtió en un fenómeno: en TikTok, más de 26 mil seguidores la acompañan diariamente. Allí, ella desmitifica la ceguera, enseña que las personas con discapacidad tienen una vida normal y guía a quienes, como ella, buscan una luz en el camino. Su mensaje es claro: la discapacidad no es una barrera, es una circunstancia de vida que requiere adaptación, no compasión.

Ese mismo año, el destino le otorgó otra victoria: su debut como actriz en una serie televisiva. Hoy, a sus 28 años, Sofía se reconoce como una artista, comunicadora y referente. Su historia no es solo de resiliencia personal, sino de una profunda empatía social. Ella no guarda rencor hacia quienes no la contrataron; al contrario, utiliza ese desconocimiento como combustible para su misión educativa. Entiende que para que el mundo cambie, hay que educar desde la infancia, normalizando la diversidad en las aulas.

Sofía Amarilla no se detiene. Su próximo objetivo es una maestría en educación inclusiva para dar vida a esas leyes que hoy duermen en el papel, olvidadas por falta de aplicación. Ella es la prueba viviente de que cuando se tiene un propósito, la visión va mucho más allá de los ojos. Su vida es un recordatorio constante de que nunca hay que rendirse, porque el derecho a existir, trabajar y ser feliz es universal, y ella está aquí para asegurarse de que nadie lo olvide. Su luz, lejos de apagarse, hoy ilumina el camino de miles.

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