La historia de Helce es la de un creador que siempre buscó lo tangible. Tras abandonar la Ingeniería Informática porque la programación le resultaba un universo demasiado abstracto, encontró en el Diseño Industrial la llave para facilitar la vida de las personas. Un paso por Europa le dio el impulso final: ver a pequeños artesanos dueños de su propio proceso le confirmó que el sueño de la fábrica propia no era una utopía.
Volvió al país con una idea fija: transformar la materia prima nacional para proveer objetos con el rótulo “Made in Paraguay”. Hoy, ese sueño está fortalecido con colecciones periódicas. Esta nueva etapa de Forma no solo representa una evolución estética, sino un hito de madurez donde el diseño ya no necesita explicar el material, sino que lo utiliza para expresar un lenguaje contemporáneo, sobrio y seguro.
Lo que hace a Forma diferente en un mercado saturado de productos industriales es su alma de “atelier”. No buscan el volumen masivo, sino la precisión. Aunque incorporaron tecnología de punta como el router CNC y el corte láser para garantizar la repetibilidad, el acabado final sigue siendo el calor de las manos humanas. Helce entiende que la sostenibilidad no es una etiqueta publicitaria, sino un criterio de diseño fundamental.
Por eso, sus gafas nacen de maderas de reforestación como el lapacho, el peterevy y el cedro, o incluso de retazos de la industria laminadora que, en otras manos, terminarían siendo leña. Aquí, la economía circular es una realidad, pues se diseña para que el objeto perdure, ofreciendo reparación, mantenimiento y retorno, desafiando la cultura del descarte propia del fast fashion.
Atravesar la pandemia no fue fácil, pero fue el momento en que Forma demostró su resiliencia. Mientras las importaciones se frenaban y las cadenas globales colapsaban, el taller paraguayo se fortalecía. Al ser una marca de producción local y cadena corta, se adaptaron con rapidez, aliándose con laboratorios ópticos para ofrecer no solo gafas de sol, sino armazones de receta de alta precisión. Fue un punto de inflexión que les permitió crecer en medio de la crisis, estandarizando procesos y ganando una madurez que hoy se traduce en piezas de una ligereza y ergonomía superiores.
El camino empresarial de Melgarejo también ha sido una escuela de aprendizaje constante. Tras etapas de asociaciones y experimentación, tomó la decisión de recomprar la totalidad de la empresa para volver a concentrar la dirección del proyecto bajo su visión original. Hoy, Helce no solo dirige su marca, sino que vuelca su experiencia como docente en la Universidad Nacional de Asunción y como consultor de innovación para otras mipymes.
Su misión trasciende la venta de un producto; busca construir una cultura donde el consumidor entienda el valor de lo pensado y lo bien hecho en casa, transformando la percepción del diseño local de algo meramente estético a una disciplina estratégica para el desarrollo del país.
Desde aquellas primeras billeteras y carcasas hasta las piezas de mobiliario que llegaron a la Bienal de Diseño de Madrid en dos ocasiones, Forma ha recorrido un camino de coherencia absoluta. El “Made in Paraguay” que Helce soñó ya viaja en envíos puntuales a Estados Unidos y Europa, y hoy dialoga con tiendas especializadas de autor en ciudades como Barcelona y San Pablo. Cada gafa de madera de Forma es, en definitiva, un puente entre la nobleza de la tierra paraguaya y la mirada de un mundo que empieza a ver en el diseño latinoamericano una forma nueva, honesta y profundamente humana de habitar el presente.
La marca no solo fabrica anteojos; fabrica identidad, demostrando que la verdadera transformación ocurre cuando el respeto por el origen se encuentra con la ambición de la excelencia global. Helce Melgarejo, a sus 40 años, sigue mirando a través de sus propios marcos de madera, convencido de que el futuro de la industria nacional tiene la calidez del cedro y la precisión de quien sabe que diseñar es, sobre todo, una forma de cuidar el mundo que nos rodea.


