La historia de John no es la del heredero que recibe un camino pavimentado, sino la del arquitecto que decide reconstruir los cimientos cuando todo parece desmoronarse. En 2020, el negocio de indumentaria de sus padres —que abarcaba todos los rubros— sufrió el golpe demoledor de la pandemia. Para 2023, el panorama era sombrío: el agotamiento físico y emocional los llevó a intentar refugio en la venta de comida, un rubro desgastante que no devolvía la inversión de energía. En ese momento, el local apenas sobrevivía vendiendo camperas, y el desánimo se palpaba en el aire.
John, que entonces iniciaba su carrera de Ingeniería de Sistemas, no se limitó a observar. Con apenas 18 años, decidió tomar las riendas y dar una “vuelta de tuerca” necesaria. Entendió que el problema no era la falta de esfuerzo, sino la falta de enfoque y adaptación a los nuevos tiempos. Mientras equilibraba los algoritmos de su carrera con los compases de su batería en una banda de rock, comenzó a profesionalizarse de forma autodidacta. Internet se convirtió en su aula de marketing, administración y contabilidad, herramientas que utilizó para diseccionar el negocio familiar y reconstruirlo con una identidad nueva.
El cambio empezó por el concepto. John introdujo el estilo que a él mismo lo apasionaba: el streetwear. Apostó por las prendas oversize, los hoodies, las musculosas y las chombas, importando directamente desde Perú. Rediseñó la imagen del local, cambió la paleta de colores de la marca y transformó las vidrieras del Mercado 4 en una ventana a una estética urbana moderna. El público objetivo mutó de lo general a lo específico, apuntando a adolescentes y jóvenes de hasta 22 años que buscaban algo más que ropa: buscaban una identidad y de esa manera nació Jacket.
Sin embargo, el verdadero motor de esta transformación fue su presencia digital. John pasó de ofrecer productos en Marketplace e Instagram a desarrollar una estrategia de “drops” que genera expectativa y urgencia. En este 2025, el esfuerzo ha alcanzado su punto de ebullición: las colecciones, como el actual drop de otoño-invierno con prendas boxyfit y pantalones baggy, se agotan casi al instante. Lo que antes era un local más en el mercado, hoy es un punto de referencia para una generación que compra a través de la pantalla.
Detrás de este éxito no hay azar, sino una filosofía de vida que John aplica con rigor militar. Para él, la clave reside en la constancia y en evitar la procrastinación. Su rutina es un ejercicio de organización donde conviven la facultad, la gestión del inventario y su pasión por la música. “Enfocarse y organizarse”, repite como un mantra que ha rescatado a su familia de la incertidumbre para devolverles la estabilidad y el orgullo de un negocio próspero.
Hoy, mientras las redes sociales de la tienda no dejan de notificar ventas, John mira hacia el futuro con la misma ambición con la que empezó a los 18. Su meta es clara: terminar su carrera universitaria y expandir el horizonte. Sueña con una sucursal propia, locales más amplios y una nueva unidad de negocio que trascienda el público juvenil para vestir también a adultos con el sello de calidad que ya los caracteriza.
La historia de John Vázquez es, en definitiva, la historia de un joven que entendió que la tradición familiar no es una pieza de museo que debe permanecer estática, sino una llama que debe ser alimentada con innovación. En el corazón del Mercado 4, este músico, futuro ingeniero y emprendedor ha demostrado que, con el enfoque correcto, el negocio de los padres puede ser el lienzo perfecto para pintar el éxito propio y el bienestar de los que más quiere.


