La Tribuna que cambia el juego

Mainumby: el espacio que une libros y barrios para ganarle al miedo

En Itauguá, una docente y psicóloga transformó el desempleo en un refugio de resistencia cultural. A través de una biblioteca, muralismo participativo y arte en los barrios, el Espacio Mainumby demuestra que la apropiación del espacio público es la herramienta más poderosa para reconstruir el tejido social y devolver la esperanza a la infancia.

| Por La Tribuna
El Espacio Creativo Mainumby lleva el arte a las calles, permitiendo que los más pequeños reinterpreten su identidad frente a la icónica iglesia.

La historia del Espacio Creativo Cultural Comunitario Mainumby no se escribe con presupuestos abultados, sino con la convicción de una mujer que decidió no rendirse cuando el mundo parecía detenerse. En 2020, mientras la incertidumbre se apoderaba de las calles, Nilda Riquelme —docente y psicóloga itaugüeña— se encontró frente al cierre de un ciclo laboral y la apertura de un sueño postergado. Lo que comenzó como una pequeña librería estratégica frente a un colegio y a pasos del mercado municipal, nació bajo una premisa sencilla pero ambiciosa: recuperar el placer de los libros y el encuentro humano. Nilda, que siempre anheló fundar una escuela y un café, comprendió que su ciudad necesitaba un puente, un lugar donde el aroma del café fuera solo el pretexto para sumergirse en la lectura y el arte comunitario.

Nilda, con esa tenacidad que caracteriza a quienes creen fervientemente en lo que hacen, empezó a ocupar el espacio público. Las ferias de libros, artesanías y plantas en la peatonal se convirtieron en el primer pulso de una comunidad que buscaba reencontrarse. Ni siquiera el paréntesis obligado de la pandemia logró apagar la llama; por el contrario, sirvió para recalibrar el propósito. Al reactivarse, Mainumby ya no era solo un local comercial, sino un eje articulador de la identidad itaugüeña.

Hoy, la labor de Nilda trasciende la gestión cultural tradicional. Bajo su liderazgo, el espacio se ha ramificado en proyectos que tocan la fibra social de los barrios. Con una convicción inquebrantable, asegura que cuando la comunidad se apropia de sus plazas, la delincuencia retrocede. Es allí, en los parques y espacios públicos, donde Mainumby despliega su magia gratuita. Uno de sus pilares más hermosos es la creación de murales participativos. No se trata simplemente de pintar una pared; es un proceso profundo de memoria histórica. Los niños asisten a talleres sobre el pasado de Itauguá y, de su propia imaginación y aprendizaje, surgen los diseños que luego plasman de forma colectiva. El arte se vuelve así un lenguaje de pertenencia.

La oferta de este rincón cultural es tan diversa como fascinante. Mientras en un rincón se mueven las piezas de ajedrez bajo la tutela de un profesor que trajo la maestría desde Rusia —quien también imparte clases de dicho idioma—, en otro sector el papel se humedece con acuarelas o se llena de versos en presentaciones de libros. El eje “Arte en el barrio” permite que niños desde los dos años recorran los sitios icónicos de la ciudad, caballete en mano, capturando la esencia de su tierra antes de que los prejuicios del mundo adulto limiten su creatividad. Para sostener este universo, Nilda cuenta con un equipo de cinco colaboradores, profesionales en artes visuales, psicología y letras, que comparten la visión de que la cultura es un derecho, no un privilegio.

Sin embargo, el camino de la autogestión comunitaria no está exento de tormentas. Nilda confiesa, con la honestidad de quien pone el cuerpo a la causa, que muchas veces han aparecido las ganas de rendirse ante las dificultades logísticas y económicas. Pero el antídoto contra el cansancio siempre llega de la misma forma: un abrazo espontáneo de un niño o la sonrisa iluminada de alguien que acaba de descubrir un mundo nuevo entre las páginas de un libro. Esas pequeñas victorias cotidianas son el combustible que mantiene encendido el motor de su próxima gran ambición: el Mainumby Móvil.

Este nuevo sueño busca romper las barreras físicas. Nilda proyecta una biblioteca callejera itinerante, una combi que funcione como “bibliomóvil” para llevar libros y talleres a las comunidades más alejadas, aquellas donde el acceso al arte parece un espejismo. Es la evolución natural de un puente que ella decidió tender hace años entre las familias y la belleza. Para Nilda Riquelme, la ecuación es clara y la repite como un mantra que resuena en cada rincón de su espacio: “Si dejamos de soñar, perdemos la esperanza”. Y en Itauguá, gracias al aleteo constante de Mainumby, la esperanza tiene los colores del arte, el peso de un buen libro y la fuerza de una comunidad que se reconoce en la mirada de sus niños.

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