De proyectar edificios a diseñar una sociedad sin barreras. Sonia Carísimo, arquitecta y madre de cuatro hijos, transformó el diagnóstico de su hija Eva en un motor de cambio nacional. Hoy, desde la presidencia de la Federación Juntos por la Inclusión, lidera una revolución que busca convertir la diferencia en un valor y la oportunidad en un derecho para todos los paraguayos.
Sonia Carísimo no buscó la inclusión; la inclusión la encontró a ella una mañana años atrás cuando nació su segunda hija, Eva. Como arquitecta, Sonia sabía proyectar estructuras, pero no estaba preparada para el desafío de diseñar un mundo donde su hija, nacida con Síndrome de Williams, pudiera simplemente ser. En aquel entonces, la discapacidad era un concepto lejano, quizás un término técnico o una estadística. Hoy, tras seis años de activismo frenético y la presidencia de la Federación Juntos por la Inclusión, Sonia entiende que su verdadera obra no son los edificios, sino los puentes invisibles que unen a una sociedad fracturada por el desconocimiento.
Al principio, el motor era Eva. Fue ella quien la “lanzó a la piscina”, como ella misma describe ese salto al vacío que implica entender un diagnóstico complejo. Sin embargo, con el tiempo, la perspectiva de Sonia sufrió una metamorfosis profunda. Se dio cuenta de que si solo trabajaba por Eva, se estancaría en un nicho. Comprendió que la discapacidad no es un adjetivo que define a una persona, sino una circunstancia que emerge cuando el entorno levanta muros. Si una persona viaja a Japón sin saber el idioma, el entorno le impone una barrera de comunicación; en ese momento, esa persona experimenta una discapacidad funcional. Bajo esa premisa, Sonia dejó de trabajar solo por su hija con Síndrome de Williams para empezar a trabajar por sus otros tres hijos. Su meta actual es que ellos crezcan en una sociedad que no solo tolere la diferencia, sino que la valore como un tesoro que enriquece la convivencia humana.
Esta visión la llevó a fundar, junto a otros padres, la Federación Juntos por la Inclusión en el 2021, un proyecto que tomó forma en el silencio de la pandemia. Lo que comenzó como una necesidad de encuentro se transformó en una usina de cambio social. El primer hito fue “Descubre un tesoro”, una colección de siete cuentos que narran la discapacidad de forma natural y positiva, alejándose de la lástima o el heroísmo exagerado. De esos relatos nació un abanico de proyectos que hoy recorren Paraguay, un país donde, según Sonia, el desconocimiento es la barrera más alta de todas. Ella insiste en que la inclusión es una fórmula matemática simple, pero poderosa: capacidad más oportunidad es igual a funcionamiento. El problema radica en que, a menudo, la sociedad paraguaya niega la oportunidad, anulando la capacidad de miles de ciudadanos.
Uno de los frentes más críticos es la educación. Tras el cierre de las escuelas especiales en el 2018 para dar paso a la Ley de Educación Inclusiva, el sistema regular se vio desbordado. Sonia no se quedó en la queja; impulsó el Congreso ION, un espacio que este año alcanza su cuarta edición y que ha posicionado a Paraguay como un referente regional. Del 9 al 11 de abril, el Centro Cultural del Puerto en Asunción se convertirá en el epicentro de la educación inclusiva iberoamericana, recibiendo delegaciones de 19 países. Para Sonia, este congreso no es un evento para especialistas, sino una “fiesta de la inclusión” donde padres, docentes y alumnos se sientan a la mesa para debatir cómo transformar las aulas en espacios de pertenencia.
Pero la resiliencia de esta mujer no se detiene en los pupitres. Convencida de que el deporte es el lenguaje universal de la superación, creó “Carrerí”. Este proyecto no es solo una competencia, es un sello de accesibilidad que transforma las carreras de calle en espacios donde las personas con discapacidad dejan el sedentarismo para convertirse en atletas. A través de la figura del “atleta guía”, Sonia ha logrado que la adrenalina de la meta sea compartida, derribando prejuicios kilómetro a kilómetro. El año pasado participaron en 14 carreras, demostrando que cuando el asfalto es parejo, todos pueden correr al mismo ritmo.
Sonia Carísimo habla con la seguridad de quien ha convertido el dolor en propósito y la incertidumbre en una hoja de ruta. Su voz no busca compasión, sino justicia social. Para ella, la inclusión no es un favor que se le hace a una minoría, sino una herramienta de desarrollo para el país entero. Al mirar atrás, aquella arquitecta que se sintió lanzada a una piscina profunda hoy nada con la destreza de quien sabe que la corriente está cambiando. Su historia es el testimonio de que una madre puede mover los cimientos de una nación si su motivación es el amor por todos sus hijos y la convicción de que nadie debería sentirse extranjero en su propia tierra. En cada cuento publicado, en cada meta alcanzada en una carrera y en cada docente capacitado, Sonia está rediseñando el mapa de Paraguay, uno donde las barreras arquitectónicas y mentales finalmente comiencen a caer.


