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Innovación paraguaya: un modelo exportado a 60 países del mundo

Lo que comenzó como un sueño ambicioso hoy es una metodología exportada a 60 países: la Fundación Paraguaya cumple 41 años redefiniendo la lucha cont…

| Por La Tribuna
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Calidad y autogestión: alumnos de la Fundación Paraguaya transforman la producción primaria en valor agregado, garantizando la sostenibilidad de su educación.

Lo que comenzó como un sueño ambicioso hoy es una metodología exportada a 60 países: la Fundación Paraguaya cumple 41 años redefiniendo la lucha contra la pobreza. Desde escuelas agrícolas que se autofinancian hasta programas de robótica y educación financiera para jóvenes, la institución demuestra que la clave del progreso reside en el potencial humano y en herramientas que permitan a cada hogar trazar su propia ruta hacia una vida digna.

Recorriendo los departamentos de Paraguay, se percibe una fuerza que no nace de la asistencia, sino de la convicción. Hace 41 años, un grupo de visionarios comenzó a trazar un boceto ambicioso: demostrar que la pobreza multidimensional no es un destino inevitable, sino un problema con solución técnica y humana. Hoy, esa visión se ha consolidado como un gran rompecabezas social donde cada pieza —crédito, educación, campo y tecnología— encaja con precisión para transformar el mapa del bienestar en el país.

La organización se cimenta en pilares que, integrados, conforman una estrategia única. No solo trabaja, sino que construye una arquitectura de superación donde las microfinanzas, la educación emprendedora y las escuelas agrícolas autosostenibles se entrelazan de forma transversal. El eje de este engranaje es el Semáforo de Eliminación de Pobreza, la herramienta que permite diagnosticar, planificar y acompañar el progreso de miles de ciudadanos que deciden ser los arquitectos de su propio destino.

En estas cuatro décadas, la Fundación ha desembolsado 512.900 créditos, apoyando actualmente a más de 100.000 clientes activos. El dato más revelador no es la cifra, sino su identidad: el 92% son mujeres. Este compromiso con el emprendedurismo femenino y rural reconoce a la mujer como el motor de cambio más potente en la economía familiar. Desde comités de mujeres hasta líneas para jóvenes y personas con discapacidad, cada crédito es una pieza que encaja en el proyecto de vida de una familia, respaldado por 44.000 servicios no financieros que aseguran que el crecimiento sea sólido y sostenible.

La transformación requiere, además, una mentalidad nueva. Por ello, el programa de Educación Emprendedora lleva 31 años formando a los hijos de los emprendedores. Solo en el último año, más de 32.000 participantes formaron parte de iniciativas como Junior Achievement o las Olimpiadas del Semáforo. Esta pieza del rompecabezas prepara a los líderes del mañana, brindándoles autonomía y herramientas para enfrentar un mundo competitivo.

Sin embargo, donde la innovación brilla con luz propia es en las escuelas agrícolas autosostenibles. Bajo el modelo de “Aprender haciendo, vendiendo y ganando”, estas instituciones convierten a jóvenes campesinos en emprendedores rurales sin depender de subsidios estatales. Hoy, este modelo paraguayo está presente en 59 instituciones de 28 países. En Paraguay, escuelas como Cerrito y Belén alcanzan niveles de autosuficiencia operativa superiores al 100%, mientras que el Centro Educativo Mbaracayú ha graduado a 465 alumnas, muchas de ellas jóvenes indígenas que hoy transforman sus comunidades desde el conocimiento y la producción.

Ninguna de estas piezas tendría el mismo impacto sin una guía clara. Creado en 2009, el Semáforo de Eliminación de Pobreza es la metodología que articula todo el sistema. Permite que cada familia realice un autodiagnóstico en dimensiones como salud, educación e ingresos, identificando desafíos para pasar de rojo a amarillo, y de amarillo a verde. En 17 años, se ha aplicado más de un millón de veces en el mundo, alcanzando a 590.000 familias. En Paraguay, es la base de la iniciativa Verdeate, que proyecta que 100.000 familias mejoren su bienestar en el corto plazo.

Los resultados del último año son el testimonio vivo de este esfuerzo: 48.000 indicadores fueron “verdeados”, se formaron 386 nuevos jóvenes en oficios y cientos de mejoras en viviendas. A 41 años de su fundación, la Fundación Paraguaya demuestra que la pobreza es un desafío que se vence con innovación y confianza en el potencial humano. El rompecabezas sigue creciendo y cada nueva pieza acerca al país al sueño compartido de vivir, finalmente, en una nación sin pobreza.

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