De la mano de Adriana Rojas y Nathaly Derzi, la lectura en Paraguay encontró su versión más vibrante y acogedora. Bajo una dinámica que combina lectura en silencio y momentos para romper el hielo, Asu Lee se posiciona como el primer espacio cultural de este tipo en el país. Una iniciativa que reivindica la vigencia del libro físico y abre las puertas a una nueva forma de socializar en la ciudad.
En un mundo que parece girar cada vez más rápido detrás de una pantalla ha comenzado a gestarse un fenómeno que devuelve el protagonismo a lo tangible, al silencio compartido y al aroma del papel. Se llama Asu Lee, y aunque a simple vista parezca una reunión de personas con libros, es en realidad un manifiesto de que la lectura en papel sigue más vigente que nunca y que, por encima de todo, los paraguayos teníamos un vacío enorme de espacios para socializar desde la calma y la cultura.
Todo comenzó en el año 2025. Inspiradas por las “fiestas de lectura” que son tendencia en Estados Unidos y otras capitales del mundo, dos amigas decidieron que Paraguay no podía quedarse atrás. Adriana Rojas, diseñadora y fotógrafa con una mirada estética envidiable, y Nathaly Derzi, especialista en marketing con la energía necesaria para mover masas, unieron sus talentos y su pasión personal. Para Adri, el amor por los libros fue un legado de su padre; para Nathaly, fue su abuela quien sembró esa semilla que hoy florece en una comunidad que no para de crecer.
Lo que empezó como un pequeño proyecto entre amigos y familiares, rápidamente se transformó en algo mucho más grande de lo que cualquiera hubiera imaginado gracias a Instagram y TikTok. Para su primer encuentro, las fundadoras esperaban a unas 20 personas; la sorpresa fue mayúscula cuando llegaron 60 entusiastas con sus libros bajo el brazo. Esa demanda espontánea fue la señal clara de que en Asunción había una necesidad latente de conectar de otra manera. Hoy, lo que inició como un encuentro mensual se ha multiplicado a cuatro ediciones por mes, y para garantizar que la experiencia sea íntima y de calidad, se han puesto un tope de 100 participantes por sesión.
Asu Lee no es un club de lectura convencional, y esa es precisamente la clave de su éxito. Aquí no hay tareas, ni libros obligatorios, ni debates académicos sobre una obra específica. Cada asistente lleva el libro de su preferencia: desde la novela de ficción más reciente hasta textos académicos o trabajos de facultad. Incluso es un refugio para estudiantes que buscan un lugar silencioso, pero con el apoyo invisible de otras personas que están en la misma sintonía. Es, ante todo, un espacio democrático donde el único requisito es el deseo de leer y compartir.
La dinámica del encuentro es un viaje de cuatro pasos diseñado para equilibrar la introspección y la apertura social. Comienza con 30 minutos de lectura en silencio, ambientados sutilmente con música clásica de fondo. Luego, se rompe el hielo con juegos de preguntas sencillas entre los integrantes de una misma mesa, permitiendo que personas que quizás nunca se habrían cruzado en la vida diaria encuentren un terreno común. Le sigue otro bloque de 30 minutos de lectura y cierra con dinámicas grupales que terminan de sellar los vínculos.
Este formato ha demostrado ser un bálsamo para la salud mental y la integración social en la ciudad. El público es asombrosamente diverso: aunque el grueso de los participantes tiene entre 20 y 35 años, no es raro ver a adolescentes intercambiando impresiones con adultos mayores, o a personas de distintas ciudades que viajan a la capital solo para este evento. Es además un espacio seguro para personas neurodivergentes o para aquellos que se definen como poco sociables; aquí, la estructura del evento les permite integrarse sin presiones, encontrando amigos que hablan su mismo lenguaje literario.
Desde sus primeros “capítulos” en diferentes cafés de Asunción, Asu Lee ha ido mapeando la ciudad, invitando a sus seguidores a descubrir nuevos rincones mientras se redescubren a sí mismos a través de las páginas. Los testimonios hablan por sí solos: lectores que logran avanzar medio libro sin darse cuenta, personas que agradecen haber encontrado un “momento de paz” en medio de la rutina y jóvenes que celebran la existencia de una alternativa de ocio que no dependa de ruidos estridentes.
Pero Adriana y Nat no se detienen. Con la misma ilusión con la que empezaron, ya proyectan un formato exclusivo para niños, entendiendo que el hábito se cultiva desde la infancia. Y el sueño mayor late con fuerza: organizar un encuentro masivo para mil personas. Un festival donde la lectura comunitaria sea el eje central, rodeado de librerías y puestos de comida, convirtiendo a Asunción en un faro literario para la región.
Asu Lee es la prueba de que, a pesar de la digitalización extrema, el ser humano sigue buscando el contacto visual, la calidez de una charla genuina y el refugio que solo ofrece un buen libro. Es un espacio que vino a llenar un vacío y que hoy, con cada página que se da vuelta en silencio, está escribiendo una nueva historia para la cultura paraguaya.


