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Bianca Orqueda: la voz del monte que sana a través del arte

De aprender guitarra gracias a un regalo providencial a los 11 años, a convertirse en la referente de la música nivaclé en el mundo. Bianca Orqueda v…

| Por La Tribuna
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Bianca Orqueda sonríe desde el Chaco. Una imagen que refleja la belleza de la resistencia nivaclé y la alegría de haber vuelto a casa para sembrar música.

De aprender guitarra gracias a un regalo providencial a los 11 años, a convertirse en la referente de la música nivaclé en el mundo. Bianca Orqueda vuelve a sus raíces en el Chaco paraguayo para seguir liderando el proyecto “La voz del monte”, demostrando que el arte es la herramienta más poderosa para sanar, educar y visibilizar la historia de un pueblo matriarcal que se niega a callar.

Bianca Orqueda ha vuelto a casa. A sus 27 años, tras casi siete años de una carrera vertiginosa en Asunción y escenarios internacionales, la cantautora nivaclé ha regresado a Filadelfia para hundir los pies en la tierra que la vio nacer. Su retorno no es un retiro, sino una búsqueda: la conexión profunda con sus raíces para gestar su segundo álbum y seguir transformando la realidad de su comunidad a través de la música.

El ascenso de Bianca parece extraído de un guión cinematográfico, pero está cimentado en una autenticidad inquebrantable. Todo comenzó en el 2019, cuando en un evento oficial en Boquerón se animó a cantar una pieza que le había escrito a su madre como agradecimiento a su amor incondicional. Aquel video, compartido de forma orgánica, fue el chispazo inicial. Luego, una entrevista en un encuentro de mujeres indígenas en Luque terminó por colapsar su teléfono; la joven que soñaba con construir una casa de música para los niños se convertía, de la noche a la mañana, en un fenómeno cultural meteórico.

Sin embargo, el camino hacia el éxito no ha estado exento de espinas. Bianca habla con una honestidad desgarradora sobre los desafíos de ser una mujer artista e indígena en una industria que no siempre comprende la cosmovisión comunitaria. Relata que fue complicado encontrar a alguien que entendiera su cultura y su forma de pensar, habiendo pasado por tres manejos distintos en poco tiempo. Para ella, el éxito no es individual: cuando llegaba el dinero de un show, su prioridad era comprar colchones, comida o guitarras para los niños de su comunidad, incapaz de ahorrar sabiendo que había familias pasando hambre.

Esa filosofía de “compartir y no competir” es el motor que la mantiene en pie tras haber enfrentado situaciones de manipulación, robos y episodios de depresión que la llevaron a tocar fondo. De ese caos nació la luz. En el 2025 presentó su primer álbum, “Aniyit”, una palabra que en nivaclé significa fortaleza, garra y resiliencia. El disco es un tributo a un pueblo que se esfuerza el triple bajo el sol del desierto chaqueño y una reivindicación de su lengua materna, demostrando que la identidad paraguaya es mucho más que el bilingüismo tradicional.

La esencia de Bianca se forjó entre el acarreo de leña y agua, escuchando a sus tías y abuelas mientras su madre trabajaba sin descanso en una fábrica de maní o limpiando casas para sostener el hogar. De ellas aprendió que el respeto no se compra con millones y que la voz está para ser levantada. Desde pequeña, desafió las narrativas oficiales en la escuela y hoy traslada esa misma valentía a la defensa del precio justo por las artesanías de sus ancianas. El racismo en el Chaco, dice, es algo silencioso que no se ve, pero se siente, y su música es la herramienta para combatirlo.

Actualmente, los sábados de Bianca tienen un color especial. Al enseñar guitarra a los niños de su comunidad, confiesa sentirse niña otra vez, reviviendo aquel momento a los 11 años cuando una madrina canadiense le regaló su primera guitarra. A través de su proyecto “La voz del monte”, recorrió escuelas indígenas llevando un mensaje claro: los sueños no tienen límites, pero hay que trabajar en ellos con el cuerpo y la energía.

Con la mirada puesta en un 2026 cargado de propósito, Bianca planea seguir con sus charlas inspiracionales y consolidar su segundo material discográfico. Tras recorrer Dubái, México, Francia y Argentina, sabe que su misión es ser la voz del pueblo nivaclé, demostrando que la raíz de todo es el idioma y que, a pesar de las caídas, siempre es posible levantarse y seguir avanzando.

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