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Laura Ferreira: el sueño cultural de Casacuento florece en Areguá

En un mundo digital, la palabra hablada recupera su poder en Casacuento. Liderado por Laura Ferreira y un equipo de gestión cultural, este refugio de…

| Por La Tribuna
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Con un libro en mano y la palabra como herramienta, Laura Ferreira transforma la biblioteca en un refugio de imaginación en el corazón de Areguá.

En un mundo digital, la palabra hablada recupera su poder en Casacuento. Liderado por Laura Ferreira y un equipo de gestión cultural, este refugio de lectura en Areguá lucha contra los desafíos económicos y la desidia para ofrecer un espacio de libertad creativa donde, desde el cómic hasta los clásicos, la imaginación no tiene límites.

En Areguá, una ciudad reconocida por la Unesco por su perfil creativo, funciona Casacuento. Este espacio no es una biblioteca convencional ni un centro cultural tradicional; es un proyecto impulsado por la narradora y educadora Laura Ferreira, quien decidió transformar su propia historia personal en un beneficio para la comunidad. Tras identificar que en su infancia no tuvo acceso a libros ni a espacios de lectura amigables, Laura volcó su experiencia internacional para crear un refugio donde la literatura y la naturaleza conviven de forma directa, lejos del ruido de Asunción, pero cerca de sus raíces.

La génesis de este proyecto se encuentra en la memoria emotiva de Laura. Ella recuerda a la niña que fue, aquella que no tuvo acceso a libros álbum ni a estanterías que le revelaran otros mundos. Esa ausencia se convirtió en su motor. Eligió las colinas de Areguá para plantar su semilla, atraída por el valor patrimonial de la zona y ese “imán especial” que invita a la creación constante.

Casacuento nació de una revelación práctica frente a la desconexión moderna. Laura suele relatar una anécdota que definió la arquitectura del lugar: mientras narraba un cuento sobre un árbol de mandarinas, un niño la interrumpió con la seguridad de quien enuncia una verdad absoluta: “Las mandarinas no tienen árbol, mi mamá las trae del supermercado”. Aquella frase fue el plano definitivo. Hoy, para entrar a la biblioteca, primero hay que atravesar el “Paseo de los árboles”, un corredor de 34 especies frutales que custodian el saber. En Casacuento, la literatura se experimenta antes de leerse.

Como educadora biocéntrica, Ferreira ha logrado que este espacio ponga la vida en el centro. Aquí se rompe la rigidez del silencio sepulcral que suele caracterizar a las bibliotecas. Se busca el diálogo, el vínculo afectivo y la conexión con el entorno natural. “Narrar un cuento es una conexión, la certeza del encuentro en el mundo imaginario”, explica Laura. En este rincón paraguayo, el “había una vez” se mezcla con el sonido ambiente de la naturaleza, creando un clima de complicidad que la tecnología difícilmente puede replicar.

A pesar de vivir en una era de hiperestimulación digital, Casacuento demuestra que el libro físico sigue siendo un ancla necesaria. Citando a la neurocientífica Nazareth Castellanos, el proyecto defiende el papel como la herramienta fundamental para la atención sostenida y la inmersión profunda. La narración oral funciona aquí como puente: el relato atrae a niños y adultos, quienes finalmente terminan buscando un libro para llevarse y leer durante la semana.

Los testimonios que brotan de este jardín literario confirman el impacto del proyecto. Desde el niño de seis años que al ingresar gritó: “¡Mamá, llegué a un lugar donde soy feliz!”, hasta la pequeña que, inspirada por las presentaciones de autores, fabricó su propio libro con papeles doblados y dibujos para presentárselo a “doña Laura”. Estas historias son las que sostienen el espíritu del lugar frente a desafíos como la falta de apoyo municipal en la infraestructura de la zona.

El sostenimiento de un proyecto independiente de esta magnitud es un acto de gestión constante. Laura trabaja con un equipo sólido liderado por el coordinador Xavier Padullés y el bibliotecario Fabián Brosio, junto a colaboradores como Sintia Frutos y Natalia Benítez, entre otros. El mayor obstáculo sigue siendo el económico, necesario para mantener la infraestructura y actualizar el acervo de libros, especialmente de cómics, que tienen una altísima demanda entre los jóvenes.

Para este 2026, Casacuento apuesta fuerte al “Club cómic”, un espacio de encuentro para artistas y aficionados que surgió por iniciativa de un adolescente de 13 años. Si este lugar fuera un personaje de ficción, Laura asegura que sería un colibrí: pequeño, pero portador del mensaje esencial de la palabra.

Casacuento invita a redescubrir que las bibliotecas son puertas para entender la propia vida. Es el lugar donde uno puede ser un aventurero o un viajero antiguo para comprenderse mejor. Para que este proyecto siga creciendo, la comunidad puede sumarse al “Club de amigos de Casacuento”, aportando mensualmente al sostenimiento de las actividades. Los interesados pueden contactar a los números (0981) 455-369 y (0987) 326-548, o seguir la cuenta de Instagram @Casacuento.aregua.

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