Javier Torres creció entre el aroma del pohã ñana y el bullicio del Mercado 4. Tras una infancia de sacrificios y ventas callejeras, logró graduarse como abogado para defender legalmente a su gremio. Hoy, como impulsor del Paseo de los Yuyos y el Tereré Literario, lidera una cruzada nacional para que el trabajo de los yuyeros sea reconocido como un pilar de la cultura y la salud paraguaya.
La historia de Javier Antonio Torres no se escribe en oficinas alfombradas, sino en el asfalto caliente y el aroma a remedios frescos del Mercado 4. A sus 39 años, este abogado que hoy litiga en fueros civiles y de familia es la prueba viviente de que el origen no determina el destino, pero sí define la fuerza con la que se defienden las raíces. Javier no solo cambió el delantal por el traje; transformó su título universitario en una herramienta de combate para dignificar el oficio que le dio todo: la venta de pohã ñana.
Nacido en Villa Hayes pero “malcriado” entre los pasillos del mercado asunceno, Javier creció junto a su madre y sus cinco hermanos. Su infancia estuvo marcada por la cultura del esfuerzo, ya que mientras otros niños jugaban, él y sus hermanos se repartían entre la escuela y las calles para vender yuyos.
Su camino hacia el Derecho fue una respuesta directa a las injusticias que presenció en la calle. Estudió con sacrificio, costeando su carrera en una universidad privada gracias al apoyo de familia y amigos, y sorteando el desafío monumental de la pandemia en 2020. Mientras el mundo se encerraba, Javier vendía remedios por internet para pagar sus cuotas. Hoy, con tres años de ejercicio profesional, no ha abandonado el mercado; por el contrario, ha convertido su puesto en un consultorio jurídico donde asesora a sus compañeros en casos de prestación alimentaria, divorcios y conflictos comerciales.
Sin embargo, su mayor legado es la institucionalización de la identidad paraguaya. En 2018, Javier notó que a su lugar de origen le faltaba una marca propia. Así nació el “Paseo de los Yuyos”. Lo que antes era solo una zona más del mercado, hoy es un sitio turístico declarado por Ley, un logro que vino acompañado de hitos históricos: la declaración del Día Nacional del Pohã Ñana, el reconocimiento del tereré y el carrulim como Patrimonio Cultural Nacional. El logro máximo llegó en 2020: la declaración del tereré con el pohã ñana como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.
Con esa premisa, fundó hace siete años el “Tereré Literario”, un centro cultural y biblioteca autogestionados que sirve de puente entre la sabiduría popular y la academia. Allí, las yuyeras reciben a investigadores para compartir su sabiduría, estudiantes universitarios realizan extensiones y los turistas aprenden que el tereré es mucho más que una bebida; es un rito de cohesión social.
Pero el abogado de los yuyeros no descansa. En este 2026, sus metas han escalado a nivel nacional. Tras fundar en 2025 la Asociación de Herboristería del Paraguay, donde ocupa la vicepresidencia, lidera hoy un ambicioso proyecto de ley en el Congreso para regular la venta de plantas medicinales. Esta normativa busca proteger a los vendedores y, fundamentalmente, frenar los riesgos de la industrialización desmedida que amenaza con dejar a los pequeños comerciantes sin materia prima.
“Empresas grandes compran directamente en origen y agotan especies como el yaguarete ka’a, el burrito o el azafrán para yerbas saborizadas, dejando los mercados desabastecidos”, explica. Por ello, su próximo gran paso es la creación de la primera Cooperativa de Yuyeros, una entidad que busca empoderar a las 50 familias del Paseo y a productores de zonas como Acahay, Caaguazú y el Chaco, garantizando precios justos y herramientas de producción.
A pesar de los logros, Javier mantiene los pies en el barro del mercado, señalando con franqueza las materias pendientes. Denuncia la precariedad del Paseo de los Yuyos, que no ha visto mejoras estructurales en décadas, y clama por la creación de albergues para los proveedores que llegan de madrugada y deben dormir en las veredas. Para él, el apoyo del sector público y el sector privado es crucial para mejorar desagües y casillas sin perder la identidad del sitio.
Javier Torres es hoy el vocero de un sector que despierta a la ciudad cada mañana. Su vida es un mensaje potente para la juventud paraguaya: que el trabajo humilde no es un obstáculo, sino el cimiento de una vocación inquebrantable. “Nada es imposible cuando uno se propone un objetivo”, sentencia el abogado que, entre expedientes y raíces, sigue siendo el mismo yuyero que aprendió a soñar en el corazón del Mercado 4.


