La Tribuna que cambia el juego

Ana María y Estefani: las máquinas fortalecen a tres generaciones

Lo que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar para enfrentar la adversidad, hoy es una fábrica mayorista que viste al país. De la mano de An…

| Por La Tribuna
Ana María posa junto a sus cinco hijos, quienes hoy integran las diferentes áreas de la empresa, manteniendo vivo el legado de la abuela Nimia y el compromiso con la producción nacional.

Lo que comenzó como un pequeño emprendimiento familiar para enfrentar la adversidad, hoy es una fábrica mayorista que viste al país. De la mano de Ana María y su hija Estefani, Nimia Creaciones demuestra cómo la herencia de la costura, la formación profesional y la unión familiar son la fórmula perfecta para superar la crisis y generar empleo digno para más mujeres.

Lo que hoy se vive en el taller de San Lorenzo es el resultado de una herencia textil que, lejos de detenerse, se ha profesionalizado para dar sustento a varias familias. La historia de Nimia Creaciones no comenzó en una oficina moderna, sino en la valentía de una mujer, Ana María, cuya pasión por los hilos y las agujas se enfrentó a uno de esos giros inesperados que la vida reserva: un embarazo de alto riesgo. Lo que pudo ser el fin de un sueño emprendedor se convirtió, hace diecinueve años, en la semilla de un legado familiar inquebrantable cuando su hija, Estefani, decidió postergar sus propios planes universitarios para tomar el timón del emprendimiento.

Aquel inicio fue modesto, pero cargado de intención. Con un préstamo de apenas tres millones de guaraníes y una mercería como base, Estefani transformó la necesidad en creatividad. Remeras personalizadas, bolsos pintados a mano y zapatillas bordadas fueron los primeros productos que demostraron que, cuando hay voluntad, los recursos son secundarios. Sin embargo, el instinto necesitaba estructura. Siguiendo el consejo de un amigo, Estefani se formó en Administración de mipymes, utilizando su propia tesis para dar vida institucional a la marca que hoy honra el nombre de su abuela, Nimia, otra gran costurera de la estirpe.

La profesionalización fue el gran salto. Con una visión clara, misión definida y un control riguroso de las finanzas, el taller familiar floreció hasta alcanzar tres sucursales. Pero el destino volvió a ponerlas a prueba con la llegada de la pandemia. Mientras el mundo se detenía, en el barrio San Miguel de San Lorenzo, la fábrica no bajó los brazos. Con una resiliencia admirable, reconfiguraron su producción para confeccionar tapabocas y uniformes de bioseguridad. No se trataba solo de sobrevivir, sino de asegurar el pan de cada día para las familias que dependían de ellas.

Hoy, Nimia Creaciones es un proveedor del sector mayorista que viste a todo el Paraguay. En su fábrica trabajan nueve integrantes de la familia, pero su impacto se extiende mucho más allá: dan empleo a otros seis talleres externos liderados por madres que, desde sus hogares, encuentran en la costura una herramienta de empoderamiento y sustento. Las redes sociales han acortado distancias, permitiendo que la tradición de la abuela Nimia llegue a cada rincón del país con eficiencia y modernidad.

Al observar el dinamismo de este equipo, surge la pregunta inevitable: ¿Cómo gestionar con éxito una empresa donde los lazos de sangre son el motor? Para Estefani y Ana María, la respuesta es simple pero profunda: comunicación y empatía. Entienden que detrás de cada empleado hay un padre que debe ir al fútbol, una madre con una reunión escolar o una hija con clases de danza. La flexibilidad no es una debilidad, sino su mayor fortaleza. Han logrado demostrar que una empresa familiar puede ser altamente productiva sin sacrificar la humanidad, permitiendo que cada miembro cumpla con sus roles personales mientras empujan juntos el barco hacia adelante.

Esta es la crónica de un triunfo compartido. Es la prueba de que el empeño de las mujeres costureras, herederas de la abuela Nimia, ha encontrado en la unión familiar la fórmula para subsistir, producir y criar hijos con dignidad. Ana María sigue al frente, rodeada de sus cinco hijos, primas y tías, demostrando que cuando el hilo que une a las personas es el amor y el trabajo honesto, no hay costura que se descosa ni sueño que sea demasiado grande para ser bordado con éxito.

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