Lo que comenzó como una estrategia de supervivencia en un pequeño departamento durante la pandemia, se convirtió en una empresa que sostiene a veinte familias. La historia de la médica que dejó la bata blanca para revolucionar el paladar multicultural de la frontera con disciplina, fe y una visión empresarial imparable.
Hay trayectorias de vida que desafían cualquier guión preestablecido, historias donde el destino no es una línea recta, sino un lienzo que se va pintando con valentía y convicción. La historia de Thayna Brasilino es, precisamente, ese relato de transformación que comienza con un estetoscopio y hoy se consolida entre el aroma a café y el batir de las mezclas en Ciudad del Este. Desde la calurosa Fortaleza, en Ceará, hasta la vibrante frontera paraguaya, el camino de esta brasileña es un testimonio de cómo el éxito no siempre se encuentra donde uno lo busca inicialmente, sino donde el corazón decide echar raíces.
Thayna llegó a Paraguay con el mismo sueño que miles de sus compatriotas: convertirse en médica. Lo que empezó como una “apuesta” incierta, se convirtió en una realidad de sacrificio y disciplina. Con un hijo de seis años a cuestas, su vida transcurría entre la rigurosidad de los libros de anatomía y la agitación de una estudiante que debía multiplicarse para cumplir con sus roles familiares. Sin embargo, en medio de la intensidad de la carrera, nació una semilla que germinaría de forma inesperada.
El emprendimiento no fue una salida fácil, sino una construcción paralela. Durante seis años, Thayna habitó dos mundos: el hospital y la cocina. Mientras cursaba sus estudios, comenzó a hornear en su departamento, impulsada por la necesidad y la creatividad durante los días de confinamiento de la pandemia. Fue allí donde nacieron las “Tortas Volcanes”, esa explosión de chocolate y leche en polvo que se convirtió en el motor de su éxito inicial. Lo que empezó como una merienda para compartir en familia durante la crisis sanitaria, terminó transformándose en Tortas de la Casa, un refugio gastronómico que hoy es referencia en la ciudad.
El momento de quiebre no fue una renuncia impulsiva, sino una decisión estratégica y profunda. Al terminar su carrera de Medicina, Thayna se encontró frente a un dilema de amor y responsabilidad. Aunque la medicina fue su primer gran amor, especialmente la cirugía y el quirófano —donde confiesa que se olvidaba del mundo ayudando a los demás—, el crecimiento de su negocio demandaba una entrega total. Hoy, más de 20 familias dependen de su emprendimiento. Con la misma ética profesional que requiere un quirófano, decidió colgar la bata blanca para vestir el delantal a tiempo completo, entendiendo que liderar una empresa también es una forma de cuidar y dar bienestar a la comunidad.
La transición no fue sencilla en lo emocional, pero sí gratificante. Siendo la primera médica de su familia, el peso de la expectativa era real. No obstante, su entorno en Brasil celebró su independencia. Sus amigos y familiares vieron en su éxito no un abandono, sino una conquista de autonomía. A pesar de que la incentivan a no desistir del todo de su carrera médica en el futuro, el orgullo que sienten por su faceta de empresaria es el combustible que la mantiene enfocada.
Adaptarse al mercado paraguayo fue, para Thayna, un proceso natural y fluido. En una ciudad multicultural como Ciudad del Este, donde convergen identidades árabes, hindúes, chinas y latinas, Tortas de la Casa se convirtió en un punto de encuentro que no distingue banderas. Ella destaca la amabilidad y fidelidad del público paraguayo, a quienes hoy considera parte de su familia. En su café no se habla un solo idioma; se habla el lenguaje de la hospitalidad, sorteando las barreras del jopara y el español con la sonrisa de quien se siente en casa.
La disciplina de la medicina le dejó lecciones invaluables, pero el emprendimiento le enseñó la lección más difícil para cualquier líder: delegar. Dejó de ser la estudiante que solo cumplía órdenes para convertirse en la estratega que dirige a un equipo especializado. De cinco productos iniciales, su menú se expandió a más de ochenta creaciones propias, demostrando que la innovación es un proceso constante de aprendizaje.
Para Thayna, ser una emprendedora exitosa en una ciudad tan competitiva como CDE no se trata solo de números, sino de propósito. Su mensaje para otros jóvenes que se sienten atrapados entre un título universitario y una pasión oculta es claro: la vida nos saca de la zona de confort para hacernos mover. Su historia nos recuerda que el éxito no es un destino estático, sino la valentía de confiar en el proceso, abrazar los desafíos y entender que, a veces, la mejor forma de sanar el alma de una ciudad es a través de un buen café y una porción de torta hecha con amor. Thayna Brasilino no dejó la medicina para rendirse; la dejó para expandir su capacidad de crear, liderar y, sobre todo, inspirar a todo aquel que se atreva a cambiar su propia historia.


