Tras superar las carencias de su infancia en el Chaco, Tagüide Picanerai se convierte en el primer profesional del Derecho de su comunidad. Con un título obtenido en 2025, el joven Ayoreo Totobiegosode se propone transformar el sistema judicial paraguayo en un espacio de verdadera inclusión y defensa de la identidad ancestral.
En la inmensidad del Chaco paraguayo, donde las raíces de los árboles quebracho se hunden con fuerza en una tierra que guarda siglos de memoria, ha florecido un logro que marca un antes y un después en la historia jurídica del país. Tagüide Picanerai, un joven cuya voluntad resultó más inquebrantable que las adversidades de su infancia, se ha consagrado como el primer abogado del pueblo Ayoreo Totobiegosode. Su graduación no es solo la culminación de una carrera universitaria en la capital; es el grito de superación de una cultura que, tras años de lucha por su territorio y sus derechos, hoy ve a uno de sus hijos alzarse como defensor legal de su propio legado.
La historia de Tagüide no comenzó en los pulcros pasillos universitarios, sino en los senderos polvorientos de Campo Loro, en el departamento de Boquerón. Allí, la infancia estuvo marcada por la aspereza de la escasez. Creció conociendo de cerca la fragilidad de la seguridad alimentaria; hubo días donde el hambre era un compañero constante, pero esa misma carencia se convirtió en el fuego que alimentó su deseo de justicia. Aquellas caminatas descalzas hacia la escuela, bajo el calor inclemente, no fueron en vano. Cada paso era una semilla de resistencia. Esa necesidad primaria se transformó en el motor de su vocación: la urgencia de formarse para defender los derechos de quienes, como él, crecieron en los márgenes de un sistema que a menudo olvida sus propios orígenes.
El logro de Tagüide cobra una relevancia monumental al observar el contexto nacional. En Paraguay conviven 19 pueblos indígenas pertenecientes a cinco familias lingüísticas, sumando más de 140.000 personas que representan el 2% de la población total. Los Ayoreo, específicamente, forman parte de la familia Zamuco y guardan una particularidad única en el mundo: los Totobiegosode son el único grupo en el país que cuenta con familias viviendo en aislamiento voluntario (silvícolas) en lo profundo del monte chaqueño. Para estos grupos, la protección legal de sus territorios no es un trámite administrativo, es una cuestión de supervivencia biológica y cultural.
El camino hacia la meta fue una travesía de contrastes. Dejar el seno de su comunidad para enfrentar la vorágine de Asunción supuso un desafío emocional y cultural inmenso. Históricamente, el acceso a la educación superior para jóvenes indígenas ha sido limitado por barreras económicas y lingüísticas; solo una ínfima minoría logra sortear estos obstáculos. Sin embargo, en la capital, Tagüide encontró manos extendidas. Gracias a una beca completa otorgada por la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción pudo dedicarse de lleno a las leyes, terminando su carrera en 2025. Hoy recuerda con gratitud esos “años fabulosos” junto a compañeros que fueron pilares fundamentales en su formación.
Para Tagüide, este título es una herramienta de emancipación colectiva. Su mirada está puesta en la vulnerabilidad de los pueblos originarios, sectores que muchas veces quedan desprotegidos porque el sistema judicial paraguayo aún adeuda una verdadera interculturalidad. Por ello, su visión es clara: planea ejercer dentro y fuera de su comunidad, impulsando proyectos vitales como la traducción de las leyes al idioma Ayoreo. Muchas veces no acceden a sus derechos porque desconocen el funcionamiento de las instituciones no indígenas, explica, consciente de que la verdadera justicia es la que garantiza la autodeterminación y la dignidad diaria.
Pero los sueños de Picanerai vuelan más alto. Visualiza un futuro donde los jóvenes indígenas no solo sean beneficiarios de políticas, sino protagonistas de su creación. Aspira a ocupar espacios en el Poder Legislativo, convencido de que es allí donde se debe forjar un ordenamiento jurídico que respete y potencie la identidad indígena. Su mensaje para las nuevas generaciones es una invitación al coraje: “Más allá de las múltiples necesidades, siempre podemos salir y sobresalir”.
Al regresar a las tierras chaqueñas para compartir este triunfo con su familia, Tagüide deja un mensaje de esperanza: la educación es el camino para que los derechos dejen de ser letras muertas. Su historia es el testimonio vivo de que, cuando se abren las puertas del conocimiento, el talento florece para construir un Paraguay donde ser indígena sea sinónimo de orgullo, liderazgo y justicia plena.


