César Addario Soljancic cierra su saga sobre la economía paraguaya en 2026. El crecimiento del 6 %, la estabilidad de precios y la gran imagen mostrada en Nueva York confirman la solvencia macro; sin embargo, la informalidad del 62,5 % y la baja transmisión de la riqueza estancan el presupuesto familiar. Sin reglas fiscales firmes, productividad y menor costo de formalización, la macro seguirá firme y la micro, ilegible.
¿Qué le reconoce a la gestión del presidente Peña?
Haber defendido la única política social que no se financia con ilusión: la estabilidad de precios. Bajar la meta a 3,5 %, sostener la tasa de política monetaria en 5,75 % y dejar que el guaraní se aprecie es respetar el poder de compra de quien no tiene cobertura indexada. En esto el presidente acertó. Un gobierno que pierde el ancla monetaria pierde después el resto. Ese mérito es técnico, no ceremonial. Toda de él.
Acaba de estar en Nueva York. ¿Qué vio?
Vi a un presidente que no improvisó el relato. En Bank of America presentó el país con números, no con eslóganes: grado de inversión, disciplina macro, energía limpia, logística y un crecimiento que ya no es anecdótico. Lo hizo con soltura, sin sobreactuar ni pedir crédito político por lo que, en el fondo, es un activo técnico acumulado.
En la cena del Metropolitan Club esa desenvoltura se notó más: escuchó, respondió con precisión y no se deslizó hacia la grandilocuencia. Los inversionistas no compran discursos; compran predictibilidad. Peña les vendió predictibilidad. Eso suma. No es menor. Paraguay dejó de ser una nota al pie en esas mesas.
El interés era real: energía hidroeléctrica para industria y data centers, agronegocios, infraestructura, manufactura. Alexandre Bettamio, de Bank of America, lo dijo con claridad: costos competitivos, régimen tributario y credibilidad. El presidente no se limitó a inaugurar el foro. Sostuvo la conversación. Eso también es gestión.
¿El 6 % de crecimiento es éxito?
Es una condición alentadora, importante y necesaria. No es suficiente. No es inclusión. La elasticidad crecimiento-pobreza sigue en −0,35: cada punto de PIB recorta la pobreza apenas un tercio de punto. Oferta primaria 5,3 %, secundaria 6,2 %, terciaria 6,1 %; formación bruta de capital fijo, +14,5 %. El agregado responde. El hogar, menos.
El 10 % de las estancias concentra el 65 % de la soja. Sin competencia, sin formalización y sin productividad, el crecimiento se queda en el valor agregado y no llega al ingreso laboral. Lo que vi en Nueva York refuerza el punto: hay demanda de capital para proyectos grandes. Si esa IED no se ata a encadenamientos y empleo formal, el 6 % seguirá siendo un buen renglón del Informe de Política Monetaria y un mal termómetro del salario.
Inflación de 2,7 % y, aun así, usted dice que no se siente?
Porque el índice general no es el precio relativo que enfrenta el decil 1 al 4. Alimentos y servicios básicos tienen rigideces. La apreciación —6.687 proyectado a diciembre— abarata más los bienes transables de la firma formal que la canasta del consumidor de menores ingresos. Es un passthrough asimétrico. La autoridad monetaria hizo su parte. El mercado de bienes de la base de la pirámide todavía no es lo bastante contestable.
Reservas récord e informalidad de 62,5 %. ¿Cómo se sostiene esa convivencia?
Es coherente con un modelo de inversión capital-intensive. La correlación IED-empleo formal es 0,28. Desocupación abierta de 5,2 %, subempleo de 3,4 %, brecha salarial formal-informal del 68 %, NAIRU cerca del 6 %. El stock de reservas señala solvencia externa. El mercado de trabajo señala un costo de formalizarse demasiado alto respecto de la productividad. Nadie se formaliza por decreto. Se formaliza cuando el costo relativo de cumplir la ley baja.
¿Dónde está la falla de transmisión?
En el dualismo. La brecha de productividad formal-informal es 3,8 veces y explica cerca del 62 % de la elasticidad baja. La productividad total de los factores creció 0,8 % anual en una década. Hay 9,8 años de escolaridad, con calidad en el percentil 15 regional. El capital humano no es gasto: es el único factor que no se devalúa con el ciclo.
¿Hace falta más transferencia?
Hace falta más mercado de trabajo y más retorno a la educación. El 20 % más rico retiene el 50,4 % del ingreso; el 10 % más rico gana veinte veces más que el 10 % más pobre. El salario real promedio subió 4,4 %, pero el mínimo real cubre cerca del 55 % de la canasta familiar en Asunción. Transferir sin subir productividad es permanente. Bajar el costo no salarial, abrir encadenamientos y mejorar la calidad educativa —retorno estimado de 12 a 18 %— también es permanente. Solo que en el sentido correcto.
Sobre Hacienda, ¿qué alerta deja?
Una sola, y no es cosmética. La Ley de Responsabilidad Fiscal no es un adorno: el techo de 1,5 % del PIB o se cumple o se licua la credibilidad que el país acaba de capitalizar en precios, reservas y, ahora, en las mesas de Nueva York. No discutamos el comunicado. Discutamos el cumplimiento. Si 2027 de nuevo se desvía de esa regla, el mercado va a repreciar riesgo más rápido de lo que cualquier discurso de “inversión social” puede compensar.
Una reflexión final.
Paraguay no necesita más discrecionalidad. Necesita reglas que sobrevivan al ciclo: precios, techo del 1,5 % y un mercado laboral donde formalizarse sea más barato que esconderse. Ya se demostró que se puede cuidar el ancla. En Nueva York se vio que esa ancla también abre puertas. La saga pidió que tire del ingreso de los 985.000 que siguen abajo. Sin eso, la macro seguirá correcta y la micro, ilegible.


